AUTLÁN DE NAVARRO, JAL.— En Cuzalapa, una comunidad indígena enclavada en la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán, las mujeres siembran bajo el sol con las manos curtidas y la mirada firme.
A ellas las observan niñas, niños y jóvenes que, entre surcos y árboles de café, aprenden no solo a reconocer la tierra, sino también a quienes la trabajan.
Un estudio del Centro Universitario de la Costa Sur (CU Costa Sur) reveló cómo las nuevas generaciones perciben a las mujeres agricultoras: las ven fuertes, capaces y valientes, pero también conscientes de que enfrentan desigualdades que les restan reconocimiento por su labor en el campo.
El proyecto, encabezado por la Dra. Patricia Beas Roque —posdoctorante— y el Dr. Peter Gerritsen, investigador del CU Costa Sur, forma parte de un trabajo más amplio sobre transición agroecológica, perspectiva de género e intergeneracionalidad en comunidades rurales de Cuautitlán de García Barragán.

Las imágenes corresponden a la página de Facebook del proyecto comunitario Color de la Tierra Café.
Manos que siembran y cuidan
Durante la investigación, niñas y niños de diferentes edades fueron invitados a expresar lo primero que pensaban al escuchar la frase “mujeres agricultoras”.
Las respuestas sorprendieron a los investigadores: en lugar de estereotipos, aparecieron imágenes de dignidad y afecto.
“Hablan de manos que siembran, de mujeres que creen en sí mismas, que no se rinden, que hacen cosas de hombres y de mujeres por igual”, explicó Patricia Beas Roque.
“Incluso niñas de seis u ocho años ya se asumen como agricultoras: unas dicen ‘yo ya lo soy’ y otras ‘estoy aprendiendo’. Para ellas, esas manos representan esperanza.”
En la narrativa de las infancias, las mujeres del campo son figuras de amor y fortaleza: madres, abuelas o vecinas que “cargan pesado”, “reciben poco” y aun así “nos dan de comer, nos mandan a la escuela y siembran árboles para todos”.
“Uno de los niños lo resumió con una frase bellísima —recordó la investigadora—: ‘ellas nos dan esperanza’.”

Fotos: Facebook / Color de la Tierra Café.
Tradición, comunidad y futuro
Además del aspecto emotivo, el estudio identificó cómo las infancias asocian a las agricultoras con valores culturales: el trabajo compartido, la comida natural, la enseñanza familiar y el orgullo de pertenecer a un territorio.
Los participantes mencionaron al grupo Color de la Tierra, un colectivo de mujeres que produce café sin agroquímicos y ha fortalecido el reconocimiento de Cuzalapa dentro y fuera de la región.
“Los niños ven en ellas un modelo a seguir,” añadió Beas Roque. “Reconocen que su trabajo no solo alimenta a las familias, sino que da prestigio a la comunidad.”
El Dr. Peter Gerritsen destacó que el proyecto también busca abordar un problema estructural: el envejecimiento de la población agrícola y la ruptura del diálogo entre generaciones.
“Cada vez hay menos jóvenes interesados en el campo,” explicó. “Por eso necesitamos reconstruir los puentes intergeneracionales, fortalecer el aprendizaje comunitario y valorar el conocimiento local como parte del bienestar social y ambiental.”
Aprendizajes compartidos
Los resultados de la investigación se presentarán ante familias, escuelas y actores locales de Cuzalapa, con el objetivo de fomentar nuevas estrategias que promuevan la igualdad de género, la transmisión de saberes agrícolas y la participación juvenil en la producción de alimentos.
“Las niñas y los niños de Cuzalapa nos recordaron algo fundamental —concluyó Beas Roque—: que la tierra se cuida mejor cuando aprendemos a mirar el esfuerzo y la ternura de quienes la trabajan.”
- El estudio trabajó con técnicas psicosociales sobre “representaciones sociales” (ideas, emociones y marcos culturales que sostienen un sentido común).
- Se aplicaron entrevistas y dinámicas por grupos de edad, con consentimiento informado de madres/padres/tutores y asentimiento de las y los menores.
- Las citas de niñas, niños y jóvenes se parafrasean para resguardar identidades.

Las imágenes proceden de la página oficial de Facebook de Color de la Tierra Café.
El estudio forma parte de los Proyectos de Investigación para la Incidencia (2022–2024) del Gobierno de México, con acompañamiento académico del CU Costa Sur. En su desarrollo se aplicaron entrevistas y dinámicas participativas con niñas, niños y jóvenes, previa autorización de padres, madres y tutores, respetando los lineamientos éticos de investigación con menores.

Créditos de imagen: página de Facebook de Color de la Tierra Café.
Más que un diagnóstico, el estudio abre una conversación necesaria sobre el futuro del campo y la vigencia de los saberes comunitarios.
Al escuchar a niñas, niños y jóvenes, la investigación muestra que el reconocimiento hacia las mujeres agricultoras no solo permanece, sino que se renueva en cada generación. En un país donde el campo envejece y la migración juvenil crece, Cuzalapa recuerda que las raíces también se cultivan con memoria, cuidado y vínculos afectivos.
Lo que sigue —coinciden sus autores— es fortalecer esos puentes: que las voces más jóvenes tengan un lugar en la conversación y que las mujeres que siembran la vida reciban el valor social que desde hace tiempo les pertenece.
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