Taller Gráfica de Comala, editorial independiente en Jalisco que crea los libros letra por letra
Fotografía: María Ramírez Blanco




Guadalajara, Jalisco.

Actualmente, Jalisco no cuenta con un censo que determine cuántas editoriales y librerías independientes hay en la entidad, lo cierto es que el Taller Gráfica de Comala es una de las editoriales que tiene una peculiaridad de cuidar el contenido de los libros y preservar la bibliodiversidad.

Nació en 1894 en Comala, invernó por un tiempo y resucitó en 2016. Ignacio Gómez Arreola, director creativo de Taller Gráfica de Comala compartió que ser una editorial independiente es optar por un modelo de producción no industrial, leer plumas nuevas,

pero en su caso también significa rescatar el origen artesanal para hacer un libro.

“Considero que estás técnicas, equipos que se hicieron obsoletos y después los vendieron por kilo, tienen muchas posibilidades para expresar, para decir cosas. La idea de la editorial es el rescate de las técnicas y equipos tradicionales como los que inventó Gutenberg en el siglo XV y que se dejaron de usar hasta los años setenta”.

Letra por letra hasta llenar las hojas en blanco de palabras durante tres a seis meses es como se crea un libro en el Taller Gráfica de Comala; letras que continúan siendo rescatadas.

“Acabamos de comprar 10 tipos de letras completas que estaban a punto de tirarlos”.

Ceci Martínez Calixtro, directora ejecutiva de la editorial compartió que desde el 2016, año que resucitó la editorial a la fecha han impreso 36 títulos, cifra que es relativa, para Ignacio y Ceci es un buen número al considerar que por cada título sólo imprimen 100 ejemplares.

“Empezamos con tirajes de 35, después subimos a 50 y luego a 100. Ahora vamos en 150 pero ya es el límite porque se pierde el gusto enorme de disfrutar la vida haciéndolos”.

Una peculiaridad de los libros es que viajan y hacen viajar a los lectores a nuevos lugares. En el caso de los libros que nacen en la editorial independiente de Ignacio, han viajado a las librerías más importantes de otros países: Stanford.

“Principalmente nos buscan bibliotecas porque es un libro raro. Es un libro al que se le pone cariño, como un pedacito de tu corazón”.

Lo curioso del trabajo que realizan Ceci e Ignacio es que va en contra corriente, mientras el libro transita a lo digital para ser leído a través de una pantalla, ellos apuestan a una técnica tradicional para que los lectores vuelvan a obtener el goce de lo que significa leer libro en físico: la sensación táctil, olfativa por el olor que expiden las hojas del libro, el propio peso de la obra literaria en las manos que habla de la presencialidad, y que en conjunto dan a la persona lo que digital aún no puede.


María Ramírez Blanco