
En las montañas húmedas de la Sierra de Manantlán, la tierra guarda huellas frescas y el follaje esconde siluetas esquivas. Una cámara trampa revela al jaguar, de pelaje moteado y andar sigiloso, desplazándose con paso firme en la penumbra del bosque.
En este mismo territorio también se cruzan las pisadas del puma, el ocelote, el lince, el jaguarundi y el tigrillo: las seis especies de felinos silvestres que existen en México y que, de manera excepcional, comparten un mismo hábitat en Jalisco. Tres de ellas —jaguar, ocelote y tigrillo— están en peligro de extinción.

Todas las Fotografías cortesía: Esparza-Carlos
“Cuando se pierden estos depredadores tope, el ecosistema se desbalancea y eso nos afecta directamente a los humanos”.
Explica el doctor Juan Pablo Esparza Carlos, quien es investigador del Departamento de Ecología y Recursos Naturales del Centro Universitario de la Costa Sur de la Universidad de Guadalajara, y que estudia desde hace años a estos depredadores tope y su papel en el equilibrio ecológico.
De acuerdo al especialista los felinos “Son un bien para la salud pública: controlan poblaciones de otras especies que, si se desbordan, pueden propagar enfermedades o convertirse en plagas agrícolas”.

Imagen ilustrativa. Elaboración propia con IA
Equilibrio que también protege a las personas
La Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán es uno de los pocos lugares del país donde conviven las seis especies: jaguar, puma, ocelote, lince, jaguarundi y tigrillo. Su relativa buena conservación se debe tanto a la vigilancia institucional como al trabajo con las comunidades locales. Sin embargo, todas enfrentan amenazas.
Más que símbolos de biodiversidad, los felinos cumplen funciones vitales:- Controlan especies como roedores o pequeños mamíferos que pueden transmitir enfermedades o dañar cultivos.
- Estabilizan los ecosistemas, evitando que se vuelvan caóticos e impredecibles para la agricultura y la ganadería.
- Conservan un elemento de identidad cultural y natural del estado.

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(En el caso del puma, se han documentado cuatro ataques en Sonora, pero todos correspondieron a ejemplares infectados con rabia”, subrayó Esparza, desmontando uno de los temores que motivan su cacería por represalia o miedo.).“No existe una sola muerte verificada en México por ataque de jaguar o puma a humanos”

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La pérdida de hábitat es el enemigo más persistente. Cambios de uso de suelo para agricultura, ganadería o desarrollos urbanos fragmentan su territorio y dificultan su supervivencia. La cacería, muchas veces infundada, y los conflictos con ganaderos completan el círculo de riesgos.

Para reducir estos últimos, se trabaja con productores en modelos de ganadería sustentable y regenerativa que, al hacer más productivas sus prácticas, disminuyen los ataques al ganado y favorecen la conservación de jaguares y pumas.

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Ciencia en acción: dos investigaciones clave
Actualmente, un estudio liderado por el CUCSur estima la densidad de jaguares en la parte central de la reserva, desde los 700 hasta casi 3, 000 metros de altitud.
Se realiza con cámaras trampa, la colaboración de vigilantes comunitarios y el apoyo de la Dirección de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán, en conjunto con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
En paralelo, otro proyecto aborda las percepciones sobre el jaguar. Hoy se centra en adolescentes de comunidades cercanas, pero en años recientes ha trabajado con ganaderos, adultos y niños, buscando identificar miedos, creencias y prejuicios para transformarlos en propuestas de convivencia.

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Un bien común que no podemos perder
Preservar a estos felinos es mucho más que salvar especies carismáticas: es proteger la salud pública, garantizar alimentos, mantener la estabilidad de los ecosistemas y conservar una herencia cultural milenaria.
“Todo eso debemos reflexionarlo, porque si desaparecen, no solo se rompe el equilibrio natural: se pone en riesgo nuestra propia forma de vida”.
Según el especialista implica:
- Mantener ecosistemas estables, esenciales para la agricultura y ganadería.
- Regular plagas y enfermedades, al controlar a sus presas naturales.
- Preservar la identidad cultural y el valor estético de la región.
“Tener fauna silvestre nos da beneficios tangibles, y en el caso de los felinos, el principal es para la salud pública”, concluye Esparza. “Si desaparecen, los ecosistemas se vuelven impredecibles y eso repercute directamente en nuestras actividades y bienestar”.
Entrevista completa: