Ocotlán, Jalisco

Como respuesta a la contracción de la economía en 2019, el gobierno anunció un golpe de timón para recuperar la senda del crecimiento. Pese al dato de que el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 0.1 por ciento en 2019, las estimaciones oficiales siguen siendo optimistas y mantienen un pronóstico de crecimiento de dos por ciento para 2020. Lo dijo el secretario de Hacienda y Crédito Público, Gabriel Yorio González: se presentarán una serie de reformas para dar un golpe de timón en busca de cambiar el modelo de crecimiento económico para que este llegue a los grupos más desprotegidos.

El funcionario dice que tiene “otro tipo de información” y que se buscará una reforma que permita más financiamiento para el crecimiento, así como una mayor inclusión social que equivale a que las mujeres se agreguen a la fuerza laboral remunerada, así como se impulsará la inversión pública y privada. En este punto, las medidas destacadas son el adelanto de las licitaciones de obras públicas y la creación del Plan Nacional de Infraestructura que pretende impulsar las inversiones junto con el sector privado.

En el contexto de una economía que se contrajo en 2019 y que tiene el enorme reto de lograr un crecimiento promedio de cuatro por ciento en el sexenio, es evidente que hace falta un golpe de timón. Pero no se trata sólo de un giro abrupto en busca de mejor suerte sino de uno estratégico, planificado y minucioso con miras a objetivos claros. Los giros coyunturales en busca de buenos vientos a veces funcionan, a veces dan lo mismo, a veces fracasan. Pero en todos los casos no construyen nada para el mediano y largo plazo, pues son sólo movimientos momentáneos. América Latina es fiel ejemplo de economías que viven de momentos.

Claro que la economía necesita un golpe de timón y claro que hay que buscar mejoras en los aspectos mencionados por el secretario de Hacienda. Falta reformar el sistema de financiamiento y hacer que los créditos lleguen a las micro, pequeñas y medianas empresas, de manera que se constituyan en oportunidades para emprender, crecer, generar empleo y riqueza, y no sólo para seguir financiando -paradójicamente- capitales financieros.

También necesitamos inclusión social y lograr una mejor distribución de oportunidades y riqueza. No sólo estamos en una situación de desigualdad en la que a las mujeres les pagan 16 por ciento menos por hacer el mismo trabajo en las mismas condiciones que un hombre -en promedio, aunque la cifra llega a 30 por ciento menos en algunos sectores como la industria-, sino que también les cuesta más acceder a los empleos remunerados, a la educación y, en general, al mercado laboral. La desigualdad debido al género es un toque de alerta en una economía de la desigualdad en la que los privilegios son de pocos y la exclusión de muchos.

Y con la inversión pública y la privada, ya sólo falta que pasen de los anuncios a los hechos. Me gustaría ver ese golpe de timón pero antes quisiera ver la hoja de ruta y el destino, porque bien decía Séneca que cuando uno no sabe a dónde ir, todos los los vientos son desfavorables.

Por Héctor Claudio Farina