Guadalajara: Ciudad de papel || IV

Año con año, promesa tras promesa y obra tras obra, durante las lluvias Guadalajara se ahoga. Esa es una realidad que sufren millones de habitantes y que parece imposible de resolver.

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Las reglas ignoradas por constructores y autoridades para encauzar el agua de lluvia

Guadalajara, Jalisco.

Año con año, promesa tras promesa y obra tras obra, durante las lluvias Guadalajara se ahoga. Esa es una realidad que sufren millones de habitantes y que parece imposible de resolver.

Pero… ¿cuál es el origen de esta situación?

La respuesta está en el sector inmobiliario, que en Jalisco saquea la tierra sin importar que se trate de zonas de recarga de agua, y a pesar de haber una ley, códigos urbanos e instrumentos que delimitan las zonas donde no se debe urbanizar (información que es pública desde los años 70), los años han reflejado que lo hacen porque sí, sin importar que las consecuencias sean catastróficas para los habitantes a costa de un negocio que tiene muchos ceros en el cheque.

Un ejemplo actual es el Proyecto Iconia y el centro comercial que se busca construir en una de las zonas del Bosque El Nixticuil, en Zapopan.

El urbanista Leonel Gutiérrez explica cuál es la motivación de éstas, que califica como “mafias inmobiliarias”.

“Hay un problema con… le llaman la ‘mafia inmobiliaria’ porque la tierra nunca va a dejar de ser negocio, y desafortunadamente hay quienes tienen para invertir en esto a costa de la gente porque todos deberíamos tener acceso a una vivienda”.

En su opinión, son los gobiernos quienes regalan la tierra a los grandes constructores, porque de entrada no vigilan ni dan cumplimiento a la ley -lo cual es su razón de ser-, ni la normativa que responsabiliza al sector inmobiliario a pagar por el impacto ambiental negativo que generan las edificaciones.

 

Por ejemplo, desde hace 15 años, “La Ley del Agua para el Estado de Jalisco y sus Municipios”, en el Artículo 86 bis, obliga a cualquier desarrollo inmobiliario a controlar los excedentes pluviales.

Así es: por ley, cada desarrollo edificado desde 2007 debe contar con un dispositivo que capte el agua de lluvia que ya no puede ser filtrada por haber impermeabilizado la zona. Mejor aún: esa agua tampoco debe de correr por las calles.

Esta ley fue publicada en febrero de 2007, cuando el gobernador interino era el ex fiscal Gerardo Octavio Solís Gómez.

Pero, tres lustros después, la realidad luce así:

Lorena
Fotografía: EFE

Entonces, si existe una ley que específicamente deja en claro el deber ser de las nuevas construcciones respecto al tratamiento que se debe dar al agua de lluvia, ¿por qué en Guadalajara seguimos ahogados en cada tormenta?

La respuesta la da el experto en hidrología, Josué Daniel Sánchez Tapetillo.

“Este criterio debería ser muy beneficioso para la ciudad; sin embargo, no todos los municipios del área metropolitana lo aplican y los municipios exteriores ni siquiera lo conocen… mucho menos lo aplican”.

Pero no es el único instrumento legal. También está el Código Urbano para el Estado de Jalisco, en cuyo artículo 212 puntualiza que las nuevas edificaciones deben contar con sistemas de recolección de agua pluvial con capacidad suficiente, acorde a las características de la edificación.

Entonces, ¿qué ha pasado? ¿Por qué las nuevas edificaciones no cumplen con estas condiciones? ¿Quiénes las vigilan? ¿De qué sirve un documento legal que simplemente se ignora?

“El gran responsable aquí es la autoridad, o la falta de autoridad en este caso, que no está haciendo lo que debe para evitar estas cuestiones”.

Es cierto que hay una responsabilidad compartida y que los empresarios deben asumir su parte, pero son los gobiernos quienes otorgan las concesiones a las constructoras para edificar sus torres departamentales, y por más de una década lo han hecho sin exigirles que cumplan con ninguno de estos dos artículos.

La paradoja es que, por un lado, los gobiernos presumen inversiones millonarias para “mitigar” inundaciones, sin éxito alguno, e incluso realizan campañas para invitar a los ciudadanos a no arrojar basura a las calles.

Lluvias atípicas, cambio climático y ciudadanos inconscientes. Todos esos discursos se han usado para excusar los daños que causan las inundaciones en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Pero, por otro lado, ¿cuándo fue la última vez que alguna autoridad en Jalisco clausuró alguna construcción por no contar con un sistema de captación y reaprovechamiento de agua pluvial?

¿Por qué los gobiernos sólo hablan de colectores, desazolve de canales y construcción de vasos reguladores? ¿Es esa la única solución? ¿Quiénes son los beneficiados? ¿Dónde queda la ciudadanía y su calidad de vida?

No se pierda mañana la quinta y última parte de este trabajo especial, donde les revelaremos cuáles ciudades ponen el ejemplo a Guadalajara al tener una convivencia armoniosa con sus cuerpos de agua.

Redacción: María Ramírez e Isaack de Loza

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