Ocotlán, Jalisco

Somos seres capaces, inteligentes y con dones naturales que le dan abundancia a nuestro existir. Somos seres susceptibles a lo que nos viene de afuera y también a lo que nos sucede interiormente. La sensibilidad remite al sentir y eso es posible gracias a los sentidos, todos los poseemos y en ellos yace nuestra humanidad. A través del sentir florecen los sentimientos, nacen las emociones y surgen constantemente sensaciones. 

La sensibilidad es inherente a nuestras vidas, somos seres sensibles que pueden formar una opinión, que pueden conocer, que al pensar pueden considerar diferentes ideas. Ante tanta majestuosidad humana cabe detenerse para admirar lo que se puede hacer con ella.

Todo lo que vivimos es objeto de la sensibilidad. Platón (427 a.C.- 347 a.C.), filósofo griego, identificaba a la realidad sensible en el marco del mundo de las cosas y a la realidad inteligible en el mundo de la ideas. La sensibilidad es una facultad cognoscitiva que nos permite contactarnos con ambas miradas existenciales; las profundas arraigadas en ideas, creencias, sueños, ilusiones y motivaciones interiores y las que surgen del conocimiento del constante crecer junto a otras personas, y que son posibles gracias a los vínculos entre nosotros. 

La sensibilidad nos permite detenernos a observar lo que a nuestro alrededor está pasando. La capacidad de atender ese suceder y comprenderlo es relevante. Prestar atención para sentir lo que se vive y lo que otros están viviendo. Esta intervención hacia el otro es posible, a los efectos de valorar lo que está haciendo y de incentivarlo a que siga creciendo. El ser sensible habita en nosotros. Hay que cuidarlo y alimentarlo. 

Las sociedades sensibles son sus habitantes sensibles. El mundo sensible está compuesto de seres sensibles. Lo que le afecta al otro nos afecta a nosotros, y ese efecto es posible si hay afecto. Lo social requiere de afectos constantes, de la participación de sus integrantes; cada cual desde sus quehaceres, aunque todos dispuestos a contribuir para estar bien. 

¿Cómo protegemos nuestra sensibilidad?, ¿qué tiempo le dedicamos a las sensaciones que percibimos?, ¿qué importancia le damos a los sentimientos que surgen en nuestro interior?, ¿estamos atentos a lo que percibimos?, ¿cómo valoramos nuestras intuiciones?

¿Qué hechos colectivos demuestran nuestra sensibilidad social?, identificar lo que nos sensibiliza socialmente ayuda a difundirlo y a enlazar todas las acciones que tiendan a promoverlo. Los testimonios representan la mejor fuente para transmitir lo que tienen de sensibles. 

Por Marcelo Pedroza