Ocotlán, Jalisco

Los lazos colectivos tienen que arraigarse a través de alguna identidad que genere vínculos de compromiso. El acercamiento al otro siempre será accesible si hay algo que produzca una conexión con causa. Al individualizar los argumentos que sirven de motor aglutinador, unos y otros empiezan a estampar su adhesión por lo que los identifica. Tener claro qué es lo que marca nuestra personalidad colectiva habilita a crear criterios de acción, amparados por las bases fundamentales aprobadas por los adherentes. 

Es relevante identificar los motivos que nos unen. Es muy importante la historia social, porque en ella se encuentra el espíritu de los valores comunes que han sido estandartes de vida. La convicción colectiva, hacia las causas históricas que sirven de anclas socializadoras, debe ser cuidada y sostenida. 

El proceso identificatorio se enseña desde temprana edad. Hay que querer a los valores que fomentan la unión entre las personas. Es trascendente enseñarlos, dándoles todo el tiempo necesario, para que se impregnen en la conciencia de las personas. Un niño educado es una sociedad educada. Quererlos es respetarlos. Y cuando se los quiere se los difunde, se comparten con quienes están a nuestro alrededor. Al sentirse identificado con los mismos, se los vive con naturalidad.  

Es tan profundo el tema que por momentos puede generar estupor. Pero hay probabilidades de que así sea, que lo que el hombre hoy es en su plena madurez sea producto de lo que recibió en su niñez. Al igual la sociedad, su presente puede que sea consecuencia de su pasado. 

Cabe preguntarnos, ¿qué valores son propios de nuestra sociedad?, ¿nos sentimos identificados con ellos?, ¿qué hacemos para poder vivirlos? 

Por Marcelo Pedroza