Ocotlán, Jalisco

La pandemia de coronavirus o Covid-19 está reconfigurando todo el escenario económico mundial: las actividades productivas, el comercio y el consumo están sintiendo los efectos de las medidas de contigencia, de la menor circulación y de la paralización de diversos sectores. En este contexto, México tiene pronósticos muy difíciles para su economía en 2020: todo apunta a una contracción de entre 1.5 por ciento -según Moody’s- y 5.7 por ciento -según Scotiabank-. Pero lo más preocupante está en los números que golpean a la pequeña economía, a la gente: sus empleos, ingresos y oportunidades.

Cuando hay una recesión o una crisis, el impacto es desigual: algunos sectores lo pueden asimilar sin mayor inconveniente, en tanto la mayoría de las personas no puede enfrentar sus efectos. Esto pasa en un escenario marcado por la desigualdad, por un sistema de privilegios y exclusiones en el que pocas personas concentran la riqueza, en tanto la mitad de la población se encuentra en alguna forma de pobreza.

Por un lado, tenemos los datos del riesgo: el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) advierte que hay 800 mil empleos en el país que están en riesgo debido a la pandemia. En el caso de Jalisco, el Gobierno del Estado teme que se pierdan 123 mil empleos en los siguientes meses. El impacto mayor a nivel mundial se está dando en el turismo -en donde se pierden un millón de empleos por día, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo-: las compañías aéreas, el transporte, los hoteles, restaurantes y todo el pequeño comercio relacionado con el consumo de los turistas está en franca recesión. La actividad sigue disminuyendo y en algunos países se ha paralizado casi por completo.

Por el otro lado, hay enormes sectores vulnerables: hay 52 millones de personas viviendo en situación de pobreza, prácticamente la mitad de la población está por debajo de la línea de bienestar, lo que implica que estamos ante un porcentaje grande de personas que no tienen ingresos suficientes para atender sus necesidades básicas y mucho menos para enfrentar una contingencia que los lleve a perder sus empleos o asumir costos por enfermedad. A esto debemos añadirle que cerca del 57 por ciento de los trabajadores en México se encuentran en la informalidad: no tienen seguro, no tienen salarios ni ingresos fijos y no tienen prestaciones. Por lo tanto, no pueden darse el lujo de dejar de trabajar. Sus ingresos son al día y sus necesidades deben atenderse al día.

Al tener una economía marcada por la desigualdad, más que nunca se requieren estrategias y planes para atender a los trabajadores que se encuentran más vulnerables. El plan que tiene el Gobierno de Jalisco es una iniciativa interesante pero el gran reto es ver cómo se implementa y qué efectos reales tiene. Más que un parche momentáneo, el gran problema es nivelar el escenario y favorecer la equidad entre diversos sectores. Hay que buscar estrategias de fondo para la informalidad, para mejorar los salarios, para incluir a los sectores olvidados -como las microempresas- y considerar cuestiones de género, equidad salarial y de oportunidades. El gran reto está en proteger y fortalecer a los sectores vulnerables para que, al menos, tengan condiciones para vivir mejor y enfrentar cualquier contingencia.

Por: Héctor Claudio Farina

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