Ocotlán, Jalisco

Immanuel Kant (1724 – 1804) fue un filósofo prusiano de la Ilustración. “Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime” es el título de la obra que publicó  en 1764, el mismo es un ensayo en donde puede encontrarse el origen de la denominada estética kantiana. 

Kant con un estilo sencillo y de manera magistral escribe ese libro. Profundo, dinámico, abierto a la vida, así se muestra el gran maestro. Es sobre el ser humano y su vínculo con lo externo, con lo cotidiano, con los valores, lo que caracteriza el escrito histórico. 

Kant hoy hace docencia a través de sus palabras. Kant puede acompañar a quienes lideran. Es recomendable leer a Kant, el liderazgo puede nutrirse de sus lecciones. Es que la comprensión de uno mismo y del otro, con una mirada integral, es una condición básica para entablar vínculos creadores de armonía y respeto.  

Su capacidad de contemplar el mundo de las relaciones la pudo traducir en palabras. Así escribió “Las diferentes sensaciones de contento o disgusto descansan, no tanto sobre la condición de las cosas externas que las suscitan, como sobre la sensibilidad peculiar de cada hombre para ser grata o ingratamente impresionado por ellas”. Todo pasa por la óptica interior, la mirada determina el rumbo. El hecho de convivir con lo valioso que rodea a cada ser humano se transforma en una elección personal, que repercute colectivamente. La conquista de sensaciones positivas es un hábito de quienes aprenden a ser líderes. Hay que impresionarse de lo bueno que posee cada persona. Las sensaciones de contento superan ampliamente cualquier motivo que pueda interferirlas. Cuando hay disposición hacia lo fructífero la voluntad se multiplica. Un interior contento puede ver lo que otros no quieren ver. 

Abundante es el contenido expresado por el gran filósofo. “La noche es sublime, el día es bello. Lo sublime conmueve; lo bello encanta”, sentenció. Todo tiempo es maravilloso, útil para cada ser. Está siempre esperando ser bien utilizado; comprender que cada momento puede ser sublime, que puede ser bello, es una manifestación de la libertad del ser humano. Cuando se lidera es habitual conocer lo sublime y lo bello. En cada esfera social hay razones para invocarlos, para sentirlos, para compartirlos. Lo sublime y lo bello, siempre están.  

Kant dijo “La inteligencia es sublime; el ingenio, bello; la audacia es grande y sublime; la astucia es pequeña, pero bella”.  ¡Que lleguen estas palabras a quienes se sienten líderes! Todo hace al ser. Inteligencia, ingenio, audacia, astucia, todo puede ser utilizado para honrar la vida. En cada mujer y en cada hombre radica lo sublime y lo bello. En cada sociedad vive lo sublime y lo bello. La sensibilidad para descubrirlos ayuda a disfrutarlos. El liderazgo está unido a lo sublime y a lo bello. 

“La veracidad y la rectitud son sencillas y nobles. La amabilidad es la belleza de la virtud. La solicitud desinteresada es noble. La cortesía y la finura son bellas. Las cualidades sublimes infunden respeto; las bellas, amor”, palabras de Kant cargadas de vivencia. Su experiencia trasladada a lo sublime y bello del contenido transmitido. La vigencia de Kant fortalece la literatura existente acerca del liderazgo. Su criterio invita a la reflexión y moviliza a la creación. Sus observaciones son sublimes y bellas. 

Por Marcelo Pedroza

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