Ocotlán, Jalisco

La pandemia de Covid-19 no sólo revolvió la noción que teníamos del tiempo, tanto a nivel profesional como personal, sino que hoy se convirtió en una de las principales controversias para retomar las actividades: ¿cuándo se debe poner fin al confinamiento? ¿cuándo volver a las actividades económicas previas a la pandemia? ¿en qué momento es seguro reiniciar las actividades? ¿cuáles son los tiempos establecidos para cada sector productivo o de servicios? ¿Y si por reactivar la economía nos apuramos y terminamos generando más contagios y muertes? ¿Y si nos demoramos demasiado y terminamos profundizando la crisis económica?

Estamos en una convergencia de crisis, entre las que sobresalen dos: la sanitaria, por el Covid-19, y la económica, por los efectos de la paralización de las actividades y el aislamiento. Pero no hay un punto marcado para ponerle fin a una y pasar a la otra. Los momentos se fusionan y se difuminan, por lo que a la ansiedad por salir del aislamiento y volver al mundo económico se contrapone el miedo a que el apuro termine golpeando más y que haya más contagiados, más daño a la salud, más muertes y, por consecuencia, también más daño a la economía, los empleos, los ingresos y la calidad de vida.

La cuestión del tiempo para cada paso no es nada sencilla. Y no lo es, entre otras cosas, porque estamos en el centro de la controversia, en plena pandemia, en una situación que nunca antes habíamos vivido y que, por lo tanto, no tiene referencias certeras que nos indiquen la dirección a seguir. Es por eso que a los anuncios grandilocuentes de mandatarios oportunistas siguen reculadas, rectificaciones o silencios vergonzosos. Ahora, la controversia está en el riesgo que corren los municipios que desde el día de hoy reiniciarán sus economías, así como los que tienen planeado hacerlo a partir del 1 de junio. Todo está en fase de experimentación, con la variable sanitaria como la más influyente.

Por un lado, el aumento de la cantidad de casos y de muertes por Covid-19 es un llamado a la cautela; en tanto por el otro lado, el empeoramiento de los pronósticos económicos, la pérdida de empleos y el incremento y profundización de la pobreza nos hablan de la premura por la reactivación. Pero en esta trampa de tiempos contrapuestos, hay aspectos que son contundentes: primero hay que superar la pandemia y cuidar la salud de la gente, y luego hay que reactivar la economía con toda la fuerza posible.

El gran error que terminaremos pagando caro es el de no haber mitigado la crisis económica: al mismo tiempo que se dispusieron la contingencia y el aislamiento debieron haberse tomado medidas de apoyo a los diferentes sectores para que la caída de la economía no sean tan profunda y permita una recuperación más rápida. Pero no hubo incentivos fiscales ni apoyo a las empresas ni seguros de desempleo ni grandes cambios en el presupuesto: la economía acusa un golpe súbito y el impacto es inmediato. Lo terrible en esta cuestión de los tiempos es que como el escenario es desigual, también lo será la recuperación: los ricos pueden recuperarse rápido, en tanto los pobres lo harán en tiempo indefinido.

El tiempo de contención de crisis económica no fue bueno. Espero que mejoren en el de reactivación.

Por Héctor Farina Ojeda