Ocotlán, Jalisco

Uno de los logros destacados por el gobierno es el referente al control de la inflación, es decir, a la suba de los precios de los productos que componen la canasta básica. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en la primera quincena de noviembre la inflación fue de 3.1 por ciento, lo cual mantiene el indicador dentro del objetivo previsto por el Banco de México de más o menos 3 por ciento. Por primera vez en los últimos 3 años, el promedio de la suba de precios estará dentro de los límites establecidos por el gobierno.

Si hacemos una comparación, en 2018 la inflación fue de 4.83 por ciento, mientras que en 2017 la suba general de precios fue de 6.77 por ciento. Esto refleja que en el último año los precios no han subido tanto como en años anteriores, por lo que hay una sensación de menos presión a la hora de comprar. A esto se suma el ajuste progresivo que se ha dado en el salario mínimo, aunque como sabemos todavía estamos lejos de recuperar el poder adquisitivo de los consumidores, es decir la capacidad de compra, que en las últimas tres décadas se redujo en 80 por ciento.

La cuestión interesante es que así como la inflación fue menor, también el crecimiento económico es notablemente menor. Las últimas proyecciones de crecimiento de la economía mexicana apuntan a 0.2 por ciento, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Otros cálculos esperan que se crezca 0.5 por ciento. Pero, en el mejor de los casos, la suba de precios será por lo menos 6 veces superior al incremento de la riqueza del país. Es decir, el costo de vida no subió tanto pero tampoco hubo un aumento de los ingresos, lo que significa que de todas maneras la gente tuvo que pagar más por los productos sin haber ganado más dinero para ello.

El problema de fondo no está en la inflación sino en los ingresos de la gente: 52 millones de personas en la pobreza no tienen condiciones para enfrentar una suba de precios, por más mínima que sea. Es necesario que los sectores más necesitados reciban mejores ingresos, pero para lograr eso chocamos con problemas que no se han podido resolver hasta ahora: cómo lograr un crecimiento a tasas importantes, por un lado, y cómo mejorar la distribución de la riqueza para evitar que se profundice la desigualdad, por el otro lado.

En los últimos treinta años el crecimiento promedio fue de 2 por ciento, en tanto la pobreza no ha disminuido un ápice y la desigualdad se ha profundizado. En treinta años la gente pobre se volvió más pobre, y unos pocos ricos se hicieron mucho más ricos.

Que los niveles de precios se encuentren en un rango aceptable es una buena noticia, pero es totalmente insuficiente para millones de personas que de todos modos no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas. La cuestión es ver cómo recuperar el poder adquisitivo de la gente, para lo cual tendremos que esperar que el siguiente año haya mejores empleos, con mejores oportunidades. Y eso habrá que verlo.

Por Héctor Claudio Farina