En una época en la que el 73% de los jóvenes padece fatiga internauta, la realidad virtual y las experiencias inmersivas parecen ser la única herramienta publicitaria capaz de convencer a los nuevos consumidores.
DESTACADOS.
- El valor del mercado inmersivo alcanzará los 144.170 millones de dólares.
Para los consumidores, las experiencias de realidad aumentada generan un 200% más de confianza. El 77% de ellos, confían más en una marca tras interactuar en vivo con ella.
- La realidad inmersiva tendrá ingresos de 46.000 millones de dólares.
Atención. El bien más preciado de la era digital. Vivimos en una economía que requiere de la concentración del consumidor promedio, pero, a la vez, esa moneda se ha devaluado drásticamente.
Porque dichos consumidores son diariamente bombardeados por miles de impactos publicitarios, desarrollando una ceguera selectiva hacia los contenidos más repetitivos y los formatos tradicionales. Una paradoja que ha obligado a las marcas a cambiar el paradigma del juego.
Narrativa inmersiva ante la saturación.

Foto: Tima Miroshnichenko
Y es que ya no basta con una buena publicación en Instagram o un vídeo corto en Tiktok. Y, en este contexto de saturación generalizada, ha surgido una contrapartida para captar esa preciada atención: el marketing inmersivo. Ya no se trata de contar una historia de marca, sino de invitar a los clientes potenciales a que la vivan en propia piel.
Una estrategia que ha dejado de ser un experimento de nicho para convertirse en el motor financiero de grandes empresas. Y es que, según el estudio Immersive Entertainment Market Size and Share de Mordor Intelligence, las proyecciones actuales indican que el mercado global de entretenimiento inmersivo alcanzará un valor de 144.170 millones de dólares.
Una apuesta que tiene su explicación en las necesidades de la Generación Z. Existe un mito extendido de que estos jóvenes buscan estar permanentemente conectados, pero los datos dicen lo contrario: son víctimas de la “fatiga digital”.
Así lo desvela un informe de la consultora Human8, según la cual el 73% de la Generación Z se declara “digitalmente exhausta”. Y es que, a pesar de ser nativos de las pantallas (o quizás precisamente por eso), muestran una marcada atracción hacia lo tangible y auténtico.
Un análisis de la agencia Socially Powerful destaca que, en 2025, la estrategia más efectiva para este grupo demográfico fue el “marketing inmersivo fuera de casa”. Porque los consumidores jóvenes rechazan aquellas interacciones que perciben como artificiales o meramente transaccionales.
A su vez, la inmersión tiene un respaldo empírico sólido. Un estudio de de Event Marketer revela que el 85% de los consumidores afirma ser más propenso a comprar un producto después de participar en una experiencia de marketing en vivo.
Confianza en la autenticidad de lo tangible.

Foto: Tima Miroshnichenko
Esta correlación directa entre experiencia y venta ha influido directamente en los presupuestos de marketing global. El 74% de los directores de mercadotecnia tiene planes para aumentar el presupuesto destinado a experiencias en vivo e inmersivas, según información publicada por ATN Event Staffing.
Y, dentro del ecosistema inmersivo, la Realidad Aumentada juega un papel crucial, con proyecciones de ingresos cercanos a los 46.600 millones de dólares a lo largo de 2025, de acuerdo con cifras de Statista.
De hecho, estadísticas publicadas por G2 indican que las experiencias de producto con Realidad Aumentada resultan un 200% más atractivas para los consumidores que aquellas que no utilizan esta tecnología.
Pero, tal y como advierten los expertos en tendencias de Socially Powerfull, la Generación Z tiene un radar muy fino para lo artificial: “cualquier cosa que sea menos que perfectamente auténtica alertará a la Generación Z”. Más allá de la tecnología, el éxito de la inmersión radica en una narrativa emocional que dé credibilidad a la marca.
Y la experiencia física actúa como un acelerador de confianza a un nivel que la publicidad digital no puede igualar. Así se deduce de las estadísticas recopiladas por ATN Event Staffing y Freeman, según las cuales el 77% de los consumidores afirma que, tras interactuar con una marca en un evento en vivo, aumenta significativamente su confianza en la misma.
Quizá sea porque, tal y como señala el análisis de Socially Powerful, las marcas que hacen sentir al consumidor parte de la historia generan un vínculo que supera la transacción momentánea y hace que las retengan en su memoria y hablen de ella.
Así, la inmersión ha llegado para quedarse. Pero no porque sea innovadora, sino porque nos devuelve a un estado esencial que parecíamos haber perdido en la era digital: la humana necesidad de tocar, sentir y formar parte de las historias que nos rodean en el día a día.
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