Milán Cortina 2026, el desafío de unos Juegos ya no del todo blancos ni verdes
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Italia. 

Utilizar en gran medida instalaciones ya existentes, como hicieron los organizadores de los Olímpicos de Invierno de 2026 de Milán-Cortina, no reduce su impacto en el medioambiente, aseguran expertos y asociaciones ecologistas, para quienes estos Juegos son "una derrota para la montaña".

El comité organizador de los terceros Juegos de Invierno italianos de la historia prometieron que las justas serán las más respetuosas con la naturaleza.

Para lograrlo, y de paso limitar los costos, anunciados en 5.200 millones de euros, los organizadores han optado por utilizar pistas, trampolines y otras instalaciones ya existentes (el 83% de las 13 sedes).

Entre ellas destacan Bormio y Cortina para el esquí alpino, Anterselva para el biatlón, Livigno para el esquí acrobático o el Val di Fiemme para el esquí nórdico, en un territorio que se extiende de Lombardía al Véneto a lo largo de 22.000 km cuadrados.

Lejos de los Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi, los más caros de la historia (24.600 millones de euros), o incluso de Pekín 2022, donde los organizadores partían de cero, solo se han construido una polémica pista de bobsleigh en Cortina y

un complejo polideportivo en Milán transformado en pista de hielo para el hockey sobre hielo.

"El gigantismo en el deporte ya no funciona; estos Juegos pueden convertirse en un modelo", recordó el mes pasado Giovanni Malagò, presidente del comité organizador.

COI impulsa modelo disperso para enfrentar cambio climático

En el contexto del cambio climático y para contrarrestar la reducción del número de países interesados en albergar el evento, el Comité Olímpico Internacional (COI) fomenta este nuevo modelo llamado "disperso", que también está en el corazón del proyecto francés para los próximos Juegos, Alpes 2030.

Según el organismo internacional, solo diez países podrían seguir acogiendo los Juegos de Invierno de aquí a 2040 por causa del calentamiento global.

Sin embargo, las medidas no dejan de irritar a Carmen De Jong, profesora de geografía en la Universidad de Estrasburgo.

"El problema es hacer unos Juegos Olímpicos teóricamente de invierno —digo teóricamente porque ya no hay realmente nieve o no hay suficiente nieve— sin pensar en el agua", explica.

El líquido preciado es indispensable para la producción de nieve artificial para la competencia, estimada en 2,4 millones de metros cúbicos, frente a 2,8 millones usados en Pekín 2022.

Al multiplicar los sitios de competición (dos polos, por ejemplo, para el esquí alpino: Cortina para las mujeres, Bormio para los hombres), el impacto ambiental se maximiza con un mayor uso de los recursos hídricos.

A esto se suma la construcción de las infraestructuras necesarias para el funcionamiento de los cañones de nieve (balsas, tuberías a presión para la captación de agua, etc).

"Es una locura total", afirma De Jong. "Se ha introducido un problema enorme cuando ya estamos en una situación de gran sequía en los Alpes".

"Están secando la Boite en Cortina o el Aquagrande en Livigno, con la consiguiente erradicación de los peces y un aumento de la contaminación. Según mis cálculos, se utiliza el 80% del caudal de los ríos".

Mountain Wilderness denuncia tala y daños en pistas y bosques

Luigi Casanova, presidente de la rama italiana de la asociación Mountain Wilderness, tampoco se muerde la lengua: "Estos Juegos son una derrota para la montaña".

"En Cortina d'Ampezzo se talaron 800 alerces monumentales de 160 años para construir la pista de bobsleigh. En Bormio se ensancharon las pistas de descenso y eslalon, cortando cientos y cientos de árboles en el Parque Nacional del Stelvio", protesta este guardabosques de profesión.

Si la construcción, tardía, de la pista de bobsleigh, impulsada por el gobierno ultraconservador de Giorgia Meloni cuando los organizadores querían trasladar estas pruebas al extranjero, ha hecho correr ríos de tinta, otra obra ilustra lo que Luigi Casanova califica de "locura italiana".

Destinada a llevar a los espectadores a las pistas de esquí alpino en Cortina y a descongestionar la exclusiva estación de los Dolomitas, la telecabina Apollonio-Socrepes, aún en construcción a menos de diez días del inicio del evento, dejará de ser utilizable en poco tiempo.

"Está construida por completo sobre un deslizamiento de tierra, con movimientos observados de dos metros por año. En unos años, todos los pilones estarán doblados", augura Casanova, para quien los Juegos son una oportunidad perdida.

"Podíamos afrontar el desafío del cambio climático y, en su lugar, se optó por lo que se hacía en los años setenta: insistir aún más en las áreas esquiables y acometer grandes obras viales".