Alrededor de 51 litografías, serigrafías y grabados del artista mexicano José Luis Cuevas, que muestran su evolución artística entre los años 1962 y 2000 desde una perspectiva íntima y familiar, se exponen en una muestra en París.

Esta exposición del “enfant terrible” (niño terrible) del arte mexicano de la segunda mitad del siglo XX retrata una historia creativa y familiar. Es una herencia artística e intelectual del pintor y su esposa, Bertha Riestra, a sus tres hijas.

“Uno camina por la historia de esta familia. La exposición empieza en 1962, año en el que mis padres se casan, y termina en el año 2000. Un año sentido para nosotros porque es cuando mi madre fallece”, comentó Mariana Cuevas a la AFP.

En la primera sala del Instituto Cultural de México la exposición da inicio con un pequeño retrato llamado “Mariana dibujando” (1967), exhibido y protegido como si de una reliquia se tratase.

El viaje cronológico continúa con la serie de autorretratos “Cuevas on Cuevas, Recollection of Childhood”, en los que se aprecia la gran influencia de la literatura, en especial la del escritor ruso Dostoievsky. Un autorretrato del escritor en blanco y negro, con trazos fuertes y definidos, dejan muestra de ello.

También se inspiró en escritores hispanos. La litografía “Desde el fondo del tiempo” (1976) recoge unas letras escritas por el propio Octavio Paz: “Desde el fondo del tiempo, desde el fondo del niño, cada día José Luis dibuja nuestra herida”.

Los años setenta asombran al espectador con la serie de litografías “Cuevas comedies”, entre las que destaca “el Gigante” (1971), que como su nombre lo indica abarca prácticamente una de las paredes, de arriba abajo.

El recorrido a través de los años ochenta está marcado por su “Homage to Quevedo” y “Serie Catalana”, rastros de la influencia española.

No es sólo un recorrido cronológico sino geográfico, por los sitios en los que ha vivido, como España, California, Nueva York y Francia.

Fotografías del cubano Jesse Fernández permiten ver con nitidez al artista a través del mundo. En particular su estrecha relación con el país de Víctor Hugo.

Los años 90 exhiben grabados emblemáticos como “Caja China II” (1991). El 2000 cierra la exhibición con la obra “Autorretrato con Bertha”, iluminada con luz tenue en recuerdo de su esposa, fallecida ese mismo año.

Cuevas, de 85 años y residente en Ciudad de México, se ha ganado el título de “niño terrible del arte mexicano” por no formar parte de la escuela de los grandes muralistas de la época, como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

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