Si el coraje fuera un deporte olímpico, los diez atletas que forman el primer equipo de refugiados de la historia de los Juegos deberían ganar muchas medallas en Río 2016.

Desde Yusra Mardini, una nadadora adolescente de Siria, que cruzó valientemente el Mediterráneo desde su país en una pequeña embarcación en mal estado, hasta Popole Misenga, que pasó ocho días escondido en un bosque para escapar a las luchas sangrientas del Congo, cada uno de los deportistas refugiados ha superado situaciones dantescas para mantener vivo su sueño olímpico.

Mardini, de 18 años, expresó su felicidad este sábado por su participación en Rio, donde competirá en los 100 metros mariposa y los 100 metros libres.

“Es verdaderamente un honor para mí estar aquí”, dijo Mardini este sábado en una rueda de prensa.

Hace menos de un año, Mardini nadaba para salvar su vida. Durante un peligroso viaje a la isla griega de Lesbos, se hundió el bote en el que viajaba.

Mardini y su hermana saltaron al agua, se agarraron a una cuerda y pasaron las tres horas y media siguientes en el agua junto al bote.

Mardini, que se ha establecido en Alemania junto a su familia como refugiada, afirma que representará orgullosamente a Siria, al movimiento olímpico y a su país de adopción cuando compita en Brasil.

“Será por mi país, por Alemania y por el Comité Olímpico Internacional, ya que ellos me dieron todo el apoyo necesario para hacer estos posible”, dijo Mardini.

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