Fotografía: Cortesía.
Guadalajara, Jalisco.

La siguiente es la historia de una joven que fue valorada como un caso sospechoso de viruela del mono y que hasta la fecha no sabe qué es lo que tuvo.

Hace unas semanas acudió a urgencias del Hospital General de Occidente, Zoquipan, porque luego de un viaje que hizo a Puerto Vallarta comenzó a sentirse muy mal. Fiebre, dolor en todo el cuerpo y la cabeza e inflamación en su cuello… pero lo que más la asustó fueron las lesiones que comenzaron a salir por todo su cuerpo:

“Me daba mucha comezón, me ardía, me picaba todo el cuerpo porque lo traía en brazos, espalda, pecho, abdomen, muslos… en todos lados lo tenía; incluso en cara, orejas, cuello”.

Ella llegó en ayunas, porque ese día no pudo dormir, y en cuanto amaneció se fue al hospital debido a lo mal que se sentía y por si le hacían estudios de sangre. Se sentía muy mal, no sólo porque no había comido nada, sino por el malestar que no cedía a pesar de haber tomado las medicinas que le habían recetado unos días atrás, y de que le recomendaron acudiera al Zoquipan por la alerta que existe por la viruela del mono y que ellos no sabían diagnosticar.

Pasó cuatro horas sola en un consultorio, la vieron varios médicos, le tomaron muchas fotografías, muestras de sus lesiones en la piel, le hicieron muchas preguntas… y nunca le dieron algo para el dolor, malestar y fiebre que tenía:

“Me dejaron como dos horas ahí y aún no recibía una atención, que porque era muy tardado, que porque el doctor estaba ocupado, la doctora, que ahorita venía, pero yo siempre me quejé mientras estuve ahí que me sentía muy mal, yo no sé si era por la situación, pero me dolía mucho la cabeza, la espalda ya no la aguantaba del dolor, las ronchitas otra vez se empezaron a inflamar y empezaron a arder, me sentía muy mal estando ahí”.

Finalmente, después de cuatro horas llegó una doctora vestida con traje especial, como los usados en los primeros momentos de la pandemia por COVID-19, y le tomó muestras a sus ampollas llenas de líquido.

Señaló que, por un momento, se sintió observada, ya que se regó la noticia de que había un paciente sospechoso con viruela del mono y acudió mucho personal a asomarse al consultorio donde ella estaba, lo que la hizo sentir incómoda.

Después de mucha espera, ella se fue, sin receta, sin indicaciones y sin el interés por parte de los médicos de paliar un poco su malestar, y lo más grave: sin la esperanza de que le llamaran para informarle si fue positiva, o no, a la viruela del mono:

“Yo la verdad sí estuve muy molesta porque yo le dije a alguno de los doctores, mire: me tuvieron aquí cuatro horas con el dolor de cabeza, no sabía si tenía temperatura o no, pero yo me sentía muy caliente, tenía mucho frío, no venían, no me preguntan casi nada y me tomaron las muestras”.

Al irse a su casa en Zapopan, ella misma se aisló en su habitación, sin ninguna indicación médica, dejó de ir a la escuela, se la pasó descansando en su casa, el único medicamento que le recetaron fue una hidroxizina que sirve que se usa para aliviar la picazón causada por las reacciones alérgicas de la piel.

“Si tenía que ir a la universidad, tuve que dejar de ir, si salía al sol me volvía a sentir muy mal, osea yo quería estar en mi casa y así me estuve pasando los días yo creo que fueron como una semana con los mismos malestares tomandome una medicina que me habían dado. Oye y del hospital ya no te volvieron a marcar para decirte salió negativa tu prueba de viruela o positiva? No no me llamaron, no me dijeron más de mi caso si si fue o no fue”.

Lamenta la forma en que fue tratada en el Hospital Zoquipan. Actualmente se encuentra mejor, dice que tiene su cuerpo lleno de cicatrices y manchas de las lesiones que sufrió y todavía tiene mucha comezón en su cuerpo, pero lo que más le preocupa es que hasta el día de hoy no sabe de qué enfermó, si tuvo la viruela del mono o fue otra cosa.

Rocío López Fonseca

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