Guadalajara, Jalisco.
Por escasez o mala calidad, la crisis de agua en las redes del SIAPA no es nueva. Tampoco lo son los últimos estudios que dan cuenta de ello.
Estudios técnicos y diagnóstico sistémico
De acuerdo con el “documento técnico para la integración de evidencia, el diagnóstico sistémico y la orientación de decisiones en materia de seguridad hídrica del Área Metropolitana de Guadalajara”, la evaluación integral más reciente que se hizo al sistema de agua potable de la segunda ciudad más importante en México data del año 2010; es decir, de hace 16 años.
Desde entonces se sugirió que, ante el crecimiento desmedido de zonas habitadas en Guadalajara, era necesario construir un segundo acueducto desde Chapala, como el que se puso en marcha en 1991.
Para aquellas fechas, esa infraestructura estaba por cumplir 20 años en operaciones y, pese al mantenimiento anual, ya tenía incrustaciones que impedían que llegara toda el agua para la cual fue diseñado.
¿Lo peor? Esas incrustaciones o “costras” se han detectado desde el año 2002.
“Este antecedente es relevante porque muestra que la evaluación de la conducción no comenzó recientemente
...Desde principios de la década de 2000 ya se reconocía la necesidad de relacionar la capacidad hidráulica con la condición interior de la tubería y con la disponibilidad de información obtenida mediante medición”, dice la carpeta que compone el plan hídrico.
Necesidad de actualización y retos para el sistema hídrico
Adicionalmente, se reconoce que, si bien hubo estudios técnicos entre 2010 y 2012, éstos deben actualizarse antes de tomar decisiones, ya que la confiabilidad del sistema que envía agua a seis de cada 10 ciudadanos tapatíos tiene una base documental suficiente que justifica una nueva evaluación que compare y dé a conocer cuáles capacidades deben fortalecerse.
Y añade que aunque hubo un “desarrollo y maduración de documentación técnica” entre los años 2013 y 2025, hay una consistencia en los diagnósticos que debe actualizarse y contrastarse “antes de sustentar decisiones posteriores”, pues puede haber vacíos de información.
El proyecto al que más se apuesta para la garantía de agua (que no necesariamente de saneamiento) para Guadalajara es el Acueducto II Chapala-Guadalajara, que según un estudio de hace 24 años, ya tenía rugosidad e incrustaciones que mermaban su desempeño.
Sin embargo, expone que, si bien todos los estudios hechos sirven como base para la toma de decisiones presupuestales, hay un sinnúmero de detalles que han cambiado fuera de lo que compete a las tuberías. Entre ellas, la operación, la demanda, el mantenimiento y la disponibilidad de nuevas fuentes.
Se suma un estudio de la compañía Ayesa Engineering en 2012, que según el documento comparó seis escenarios bajo diferentes perspectivas prioritarias, entre ellas las hidráulicas, energéticas, económicas y sociales, y aunque afirma que todas las conclusiones, demandas, costos, hipótesis y criterios son de esa fecha, sí deben actualizarse antes de sustentar decisiones.
La conclusión es que, debido a las fechas de levantamiento, los documentos analizados tienen niveles de madurez distintos porque algunos describen condiciones observadas o medidas; otros formulan recomendaciones, comparan alternativas o desarrollan técnicamente una opción específica.
Una diferencia que “deberá conservarse explícitamente, pues una investigación, una campaña de campo, un estudio de factibilidad y un proyecto de ingeniería no aportan el mismo tipo de evidencia ni producen por sí mismos una decisión institucional”.
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