Guadalajara, Jalisco.
Blanca Brambila, académica de la Universidad de Guadalajara interpreta las declaraciones de la senadora Jesusa Rodriguez sobre desaparecer las becas del FONCA, como una necesidad de evaluar el impacto, pues por ley es imposible desaparecer estos estímulos.
Las declaraciones de la artista musical convertida en senadora por Morena, Jesusa Rodríguez, sobre extinguir “privilegios” para los creadores y desaparecer el sistema de becas que se otorgan anualmente a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, además de indignación en el sector cultural, ha despertado un derrame de opiniones.
Para la académica de la Universidad de Guadalajara, la maestra Blanca Brambila, resulta un falso debate, pero reconoce la necesidad de revisar los impactos de las becas FONCA en los últimos veinte años.
Para la autora del libro “Formación profesional de gestores culturales en México. El caso de tres programas universitarios”, los creadores beneficiados por el FONCA, no son privilegiados y la inversión de recursos públicos están regulados por normas que aplican a ocho programas diferentes: jóvenes creadores, proyectos de coinversión, sistema nacional de creadores, apoyos para ejecutantes, apoyo para estudios en el extranjero, apoyo a culturas municipales y comunitarias, el PAICE un programa de apoyo a la infraestructura en los estados y un fondo para restaurar monumentos y bienes de propiedad federal.
La realidad es que desde el sexenio de Vicente Fox, cuando nombró presidenta del CONACULTA a comunicadora Sari Bermúdez, el conflicto de interés entre quienes eran funcionarios y recibían estímulos a la creación se manifesto cuando alcanzó a Roxana Elvridge, Ignacio Padilla -quien fue director de la Biblioteca Vasconcelos-, Enzi Verduchi -subdirectora del reciento recién cerrado-, Jorge Volpi, Marina Stavenhagen y Vicente Herrasti; algunos de estos nombres quedaron documentados en reportajes de la revista Contralínea en 2005; incluso se revelaron nombres del jurado que un año anterior votó y al siguiente resultó elegido. Para la formadora de gestores culturales ya becados en sistema estatal y federal, lo que toca es evaluar qué se sembró con las becas y estímulos.
¿Pero por qué parece que no impacta en la sociedad el bien y los servicios que genera un becario? El reto de una beca inicia no con el proceso creativo sino son la fiscalización, admite Brambila.
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