El Kabul de los talibanes, más seguro y más sombrío
En esta foto tomada el 21 de noviembre de 2023, los viajeros se abren camino entre el tráfico mientras los trabajadores de la construcción trabajan en una carretera en el área de Sara-e-Shamali en Kabul. (Foto de Wakil KOHSAR / AFP)




Kabul, Afganistán.

Con calles más limpias y más seguras, aunque también más sombrías, la ciudad de Kabul ha cambiado de cara desde el regreso al poder de los talibanes en Afganistán.

Superpoblada, contaminada y repleta de cámaras de seguridad, Kabul "fue concebida originalmente para 500.000 habitantes, pero ahora tiene casi 7 millones", afirma Nematullah Barakzai, asesor municipal de asuntos culturales.

Desde su reconquista relámpago de Kabul en agosto de 2021, los talibanes priorizaron la limpieza y la seguridad.

Hicieron "un esfuerzo visible en la limpieza de las calles, la recogida de basura, la evacuación" de aguas residuales, indica a la AFP Amin Karim, arquitecto urbanista y exconsejero del expresidente Ashraf Ghani.

Pero la seguridad es su "mayor logro". "Los que eran responsables de crear inseguridad son ahora los encargados de la seguridad", dice, con una pizca de ironía.

En un mercado de la capital, Jalilullah, un vendedor de manzanas de 21 años, asegura que ahora puede "ir a trabajar y regresar a casa incluso tarde en la noche".

  • Un total de 62.000 cámaras vigilan las calles de la capital afgana. "Para prevenir la delincuencia", según el Ministerio del Interior. O para vigilar a sus habitantes, según muchos kabulíes.

Ramisha, una pintora de 26 años encontrada en el oeste de Kabul, afirma que ya no teme "los robos, los secuestros y los atentados".

Para frustrar los ataques de los yihadistas del grupo Estado Islámico, los talibanes dejaron los puestos de control colocados por las autoridades anteriores para impedir sus propios atentados.

Dos años después, numerosos barrios de Kabul siguen "bunkerizados". El acceso se filtra por caballos de frisia, bloques de hormigón, barreras y hombres encapuchados y armados.

Un millón de flores 

Los dirigentes del Emirato islámico también devolvieron a los kabulíes kilómetros de calles bloqueadas por los poderosos del antiguo régimen: ministros, diputados o jefes militares.

"Se reabrieron más de un centenar de calles que estaban cerradas al público", celebra Barakzai. Más de 100 kilómetros de carreteras o calles fueron construidas en Kabul en dos años.

Las arcas de la capital se han llenado. La municipalidad gobernada por los talibanes pudo reclamar los impuestos sobre la propiedad con carácter retroactivo. Una novedad en Kabul, que estaba plagada de corrupción.

  • La administración también se esfuerza por reverdecer la polvorienta metrópolis. En el parque del barrio de Shar-e Naw, un reluciente pasto desafía la aridez del ambiente.

En los invernaderos crecerán un millón de flores que engalanarán la capital en primavera. Pero en sus áreas verdes sólo se ven a hombres, ya que las mujeres han sido vetadas de estos espacios.

En una calle, aún se pueden ver excavadoras destruyendo salones de belleza. Los talibanes ordenaron su cierre en julio.

La "limpieza" de Kabul también vació las calles de los miles de drogadictos que poblaban algunas de sus zonas.

Embotellamientos 

Los embotellamientos y la contaminación, sin embargo, son retos más complicados.

En la salida norte de Kabul, un anciano pasa a caballo cerca de grandes excavadoras que construyen una vía exprés de 4 km.

  • Un centenar de casas fueron demolidas para el proyecto, destinado a construir la primera de las dos arterias de seis carriles que deberán mejorar el tráfico en la entrada y salida de la urbe.

El presupuesto para realizar el plan es de 370 millones de afganis (4,9 millones de euros, 5,3 millones de dólares).

En dos años se construyeron también 24 rotondas para tratar de mejorar la fluidez del tráfico.

"Todavía tenemos problemas de circulación, pero podremos arreglarlos", asegura Barakzai. "Tenemos una visión estratégica de 10 años", explica.

Una ciudad masculina 

El ambiente de la capital ha cambiado considerablemente. Kabul perdió sus colores desde que las mujeres se ven obligadas a vestir a la abaya, una prenda amplia y larga, generalmente negra, que recubre la totalidad del cuerpo hasta los pies.

"La ropa de las mujeres cambió mucho", confirma Humaira, una empleada de 29 años. Pero ahora, afirma sentirse "más segura" porque ya no soy "acosada por la calle".

  • En la noche, las avenidas se vuelven oscuras y desérticas, como si la capital viviese bajo toque de queda.

"Antes, los jueves por la tarde y los viernes hasta la noche, el centro estaba lleno de gente. Los restaurantes estaban llenos, se escuchaba música por todos lados", recuerda Amin Karim, el arquitecto urbanista.

También afirma que "la capital se volvió una ciudad casi exclusivamente masculina (...) una cárcel para las mujeres".

Las mujeres han sido excluidas de la enseñanza secundaria y universitaria, así como de una parte del mercado de trabajo.

"Ya no podemos ni ir a los jardines de Babur, ni al zoo de Kabul ni a muchos otros parques", lamenta Ramisha, una pintora de 26 años.

Sin embargo, "la tristeza en el rostro de una mujer o de un hombre viene de las dificultades económicas", asegura. El desempleo ha aumentado drásticamente y la ciudad se ha vuelto más pobre.