El papa Francisco llegó el miércoles a Bolivia, una de las naciones más pobres de Latinoamérica, procedente de Ecuador, en la segunda etapa de su gira suramericana, y en donde la ciudadanía espera se extienda el mensaje de justicia social que marca su visita.

El primer papa latinoamericano, de 78 años, llegó a esta nación suramericana, marcada por inequidades sociales y económicas, alrededor de las 17H15 locales (21H15 GMT) procedente de Ecuador, y fue recibido con honores de jefe de estado por el presidente boliviano Evo Morales, quien le colocó al cuello una chuspa (pequeño morral andino).

El frío invernal en El Alto, a 4.000m de altitud, desde donde Francisco saludará a los bolivianos, no amainó el fervor de los católicos, que masivamente están desde temprano frente al altar papal, una réplica del frontis de la iglesia de Laja, donde fue fundada La Paz en 1548.

La visita papal concitó gran expectativa en Bolivia especialmente porque desde que fue elegido monarca de la Iglesia católica en 2013, Francisco inauguró una era de acercamiento a lo que él llama la periferia. El pontífice argentino, de fuerte vocación pastoral, invocó en Ecuador a los sacerdotes a “ser pastores con olor a oveja”.

“El papa Francisco le recuerda constantemente a la Iglesia que se acerque a las periferias humanas para abrazar a los excluidos, marginados y a todos aquellos rechazados y en peligro de ser descartados”, dijo recientemente el representante del Consejo Pontificio de Justicia y Paz del Vaticano, cardenal Peter Turkson.

En sintonía con las tendencias de las naciones emergentes, Francisco preconiza también el respeto al medio ambiente en su encíclica ‘Laudato si’, una cerrada defensa de la naturaleza.

En la misma línea dijo estar el presidente Morales, el primero en llevar a las Naciones Unidas en 2006 el discurso del respeto a la madre tierra (la Pachamama andina). Sin embargo, ahora está enfrentado con indígenas de su país por una reciente decisión de autorizar la explotación petrolera en las reservas forestales.

Una frase del papa en pleno vuelo a tierras suramericanas levantó mayor expectativa en el país: “No pasa nada, mascaré (la hoja de) coca” para atenuar la fatiga que produce la altitud paceña, les dijo a los periodistas, que le recordaron lo duro de su travesía.

Este es un tema crucial para el gobierno encabezado por Morales, un exproductor cocalero, que intenta demostrar al mundo que “coca no es cocaína”.

Tubo de oxígeno, por si acaso 

Aunque tiene un tubo de oxígeno a mano y cuenta con un equipo médico a su llegada a La Paz (3.600 metros), el papa Francisco, que vive desde joven con un solo pulmón, podría apelar a la sabiduría popular para combatir el mal de altura mascando coca.

Los indígenas bolivianos, y también sus clases medias, suelen masticarla para mitigar el hambre o el cansancio. Pero, además, la coca es el principal insumo para la elaboración de cocaína y, consecuentemente, satanizada en algunos países del mundo.

Luego de permanecer unas tres horas en La Paz, Francisco partirá la noche del miércoles a Santa Cruz (este) donde cumplirá una nutrida agenda hasta el mediodía del viernes.

El rasgo de mayor humanismo de Francisco será una visita a la cárcel de Palmasola en Santa Cruz, la más hacinada y peligrosa del país, una ciudadela que alberga a 4.800 personas, entre ellas 120 niños que viven con sus padres. En 2013 los reos se enfrentaron entre ellos con un saldo de 35 muertos.

De Santa Cruz partirá a Paraguay el viernes, en su tercera y última parada en su gira por la región, que comenzó el domingo en Ecuador.

En Quito

Como parte de sus últimas actividades antes de dejar Ecuador, donde permaneció cuatro días, el líder de los católicos, visitó un asilo de ancianos en las afueras de Quito y cumplió su última actividad en el santuario de La Virgen de El Quinche, a 30 km al este de la capital.

Allí pidió a sacerdotes y obispos volcarse al servicio de los fieles y cuidarse del “alzhéimer espiritual” que hace olvidar los orígenes humildes.

Durante media hora, el papa habló sin libreto sobre la “gratuidad” con la que la Iglesia debe servir en su misión evangelizadora y del riesgo que la ronda al olvidar sus raíces.

Durante su paso por Ecuador, Francisco lanzó sin tapujos severas advertencias a los gobernantes y a la sociedad política, en un mensaje que calzó con el convulso presente político de Ecuador.

Como un llamado a los gobernantes latinoamericanos, Francisco pidió también que el crecimiento económico llegue a todos “y no se quede en las estadísticas macroeconómicas”.

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