Una antigua tradición de la democracia uruguaya indica que el último día hábil de febrero, antes de abandonar su cargo, el presidente uruguayo en turno recibe el pabellón patrio que preside la Plaza Independencia, lugar donde descansan los restos del libertador uruguayo José Gervasio Artigas, debajo de la estatua ecuestre que su ubica al centro de esta plaza emblemática de Montevideo, capital de Uruguay.

El acto se desarrolla al atardecer, la hora marcada para arriar la bandera nacional. Este evento, que se realiza diariamente, en esta ocasión tiene como finalidad, entregar esa bandera en su último día oficial al frente del Gobierno, a modo de recuerdo, al presidente saliente de los uruguayos.

En esta ocasión, Mujica pidió la compañía de su pueblo para darle un abrazo imaginario a quienes lo acompañaron durante los últimos cinco años.

La Plaza independencia estuvo repleta de miles de uruguayos que vibraron a este presidente que deja su cargo con una índice de aprobación a su gestión del 65 % y con una imagen de prestigio internacional, como nunca antes la tuvo esta pequeña nación sudamericana .

Su modo austero de vida, en su chacra donde cultivas y vende flores en las afueras de la capital uruguaya, su lenguaje directo, claro y sencillo, así como su tono reflexivo, la donación del 75 % de su salario, con destino a la construcción de viviendas populares para los personas más carenciadas de la sociedad, a través del Plan Juntos, marcaron un antes y un después en la vida política del Uruguay.

Esta ceremonia, de despedida al calor y con el color de pueblo, vestido en su mayoría de celeste y blanco como su bandera, está llena de simbolismos propios del Uruguay.

La plaza, una de las más antiguas del país, además de ser el punto céntrico y democrático por excelencia, tiene en su entorno algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad como el Palacio Salvo y el Palacio Estévez, la primera más añeja de las sedes de la Presidencia (hoy convertida en museo histórico), alberga además a la Torre Ejecutiva, que es la actual sede del Gobierno uruguayo.

El acto de arriar la bandera, está a cargo del Batallón de Blandengues de Artigas, la fuerza en la cual revistó el prócer en la primera época de la colonia y que luego se convirtiera en su tropa de élite durante la gesta emancipadora, y que lleva en sus uniformes los colores rojo, azul y blanco, que simbolizan el pabellón del padre de la patria.

Una vez culminado el acto protocolar, el presidente José Mujica, fiel a su estilo, le habló a su pueblo para agradecerle y homenajearlo.

En su discurso, el mandatario dijo “es tiempo de agradecerte a ti por el honor que me regalaste para poder servirte”.

Acto seguido, hizo breve pero emotivo repaso de su vida, desde la infancia hasta el presente.

Recordó a su escuela, los tiempos de pobreza, sus juegos con el trompo y el balero. Pasó revista también a sus años de juventud, tiempo de deterioro de la economía uruguaya que coincidió con el fin de la segunda mundial, tiempo del cual dijo fue en el que “dejamos de ser la Suiza de América, para ser profundamente latinoamericanos”.

Evocó su etapa de guerrillero de la cual dijo “fueron años de estancamiento, de utopía militante. Nos terminamos jugando todo, como tantos otros. Sufrimos e hicimos sufrir y somos conscientes. Pagamos precios enormes”, afirmó.

Luego llegó al presente y dijo que hoy es un hombre “mucho más humilde”, “republicano”, “sobrio” y “liviano de equipaje”.

Dijo que aprendió de la adversidad y hoy piensa a la vida “como una entrega y un valor para defender por encima de todas las cosas. Al cabo de tanto trajín, supimos que la lucha que se pierde es la que se abandona”, sostuvo.

“Querido pueblo, gracias por abrazos, por tus críticas, por tu cariño y sobre todo gracias por tu hondo compañerismo cada una de las veces que me sentí solo en el medio de la Presidencia”, agregó el presidente y desató la ovación de las personas que estaban en la Plaza Independencia.

“Si tuviera dos vidas las gastaría enteras para ayudar tus luchas, porque es la forma más grandiosa de querer la vida que he podido encontrar a lo largo de mis casi 80 años”, dijo Mujica, emocionado.

Ya en el final de su discurso, el presidente saliente se volvió a dirigir directamente al pueblo y dijo: “No me voy, estoy llegando. Me iré con el último aliento y donde esté estaré por ti”.

Durante la tarde, varios militantes de Mujica llegaron poco a poco hasta colmar la plaza para esperar la ceremonia. Un grupo de estos simpatizantes, crearon una imitación de su “fusca de fama mundial”, por el cual incluso un jeque árabe, ofreció pagar un millón de dólares para exponerlo en su país, como homenaje a la figura de Pepe Mujica como le dice su pueblo.

Ya al entrar la noche la Orquesta Sinfónica Juvenil del Sodre junto a uno de los integrantes de ‘Los olimareños’ (dúo de cantantes folklóricos uruguayos, que vivieron durante la dictadura en México), Braulio Castr, entonaron el Himno a Don José, que recuerda la vida, las ideas y la austeridad república del padre de la patria de los uruguayos, José Gervasio Artigas.

PESPECTIVAS

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