La rivalidad con China planeará en la cumbre del G7 en Francia
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París, Francia

¿Cooperación o confrontación? La relación con China estará sobre la mesa de la cumbre de potencias del G7 la próxima semana en Francia, en un contexto de desequilibrios económicos mundiales y de necesidad de abastecimiento en minerales críticos.

La presidencia francesa del G7 no oculta su preocupación ante el superávit comercial récord de China y la extrema dependencia de este club de las cadenas de suministro chinas de minerales críticos, tierras raras y ciertos componentes estratégicos.

Pekín es visto además como un competidor en inteligencia artificial y, en numerosas cuestiones como el cambio climático, se ha vuelto un actor ineludible.

"Hasta ahora, el G7 era más bien un foro de posicionamientos contundentes y firmes hacia China, incluso en temas más específicos como Taiwán", subraya Marc Julienne, director del Centro Asia del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri).

Búsqueda de equilibrio entre cooperación y rivalidad

Pero actualmente los miembros del G7 (Estados Unidos, Alemania, Japón, el Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) buscan un delicado equilibrio entre cooperación y rivalidad con el gigante asiático.

Pero sin renunciar a la firmeza. Si el nuevo intento de diálogo no prospera, la UE, que teme el impacto de China en su industria automotriz, podría decidir endurecer su política comercial hacia Pekín, según algunos diplomáticos.

Por su parte, China, cuyo PIB supera al de la mayoría de países del G7, critica desde hace tiempo a este grupo de potencias industrializadas, que considera no representativo del orden mundial.

Deseosa de integrar a Pekín en el diálogo, la presidencia francesa del G7 organizó el jueves una videoconferencia dedicada a la "convergencia", en la que participaron el viceprimer ministro chino y el secretario del Tesoro estadounidense.

  • El presidente francés, Emmanuel Macron, consideró que se está "formando un consenso internacional" sobre la "urgencia" de actuar ante los desequilibrios mundiales que se agravaron en los últimos años y amenazan el crecimiento económico y la estabilidad financiera. 

Por su parte, el viceprimer ministro chino, Zhang Guoqing, instó a defender la cooperación, "a practicar un verdadero multilateralismo" y abogó por un comercio sin barreras.

"China (...) seguirá compartiendo sus oportunidades de desarrollo con otros países, inyectando así mayor certidumbre y estabilidad en la economía mundial", aseguró, sin mencionar a la administración Trump, criticada por su imprevisibilidad y su política de guerra comercial.

 "China no es una solución" 

Para Marc Julienne, es "totalmente racional y justificado defender la idea de que es imposible reformar el comercio mundial sin la segunda potencia económica, sin la primera potencia industrial del mundo que es China".

Pero "¿es el G7 el formato adecuado para mantener estas discusiones con China? Eso ya es mucho más controvertido", asegura.

Para Japón, el G7 debe mantener un formato relativamente reducido, sin la presencia de otros grandes actores, en particular China, cuya participación disminuiría su papel dentro de esta instancia, explica Valérie Niquet, del centro de reflexión Fondation pour la recherche stratégique.

Esta experta sobre Asia señala que China "está absolutamente abierta al diálogo". De hecho, los dirigentes europeos y el presidente estadounidense Donald Trump se han sucedido en Pekín.

Pero "sin que surja ninguna solución, porque en la casi totalidad de estos temas, China no es una solución, es un problema", afirma. 

"A menos que Europa adopte medidas coercitivas, nada va a cambiar", agrega.

Alice Ekman, del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, considera que el G7 tampoco debe olvidar el "posicionamiento geoestratégico de China, que también ha tomado partido, de manera bastante clara, por Rusia y la república islámica de Irán".

En esta fase de creciente polarización del mundo, China "está saliendo progresivamente de la ambigüedad estratégica", observa.

"El éxito del G7 va a depender de la capacidad de los miembros para restablecer una forma de confianza y una dinámica de cooperación entre ellos, ya se trate de minerales críticos, de cuestiones digitales o económicas", según Ekman.

  • La urgencia de entenderse es incluso más importante, ya que, mientras el G7 titubea, "China construye una coalición rival de países, incluyendo Rusia", afirma.