Autlán, Jalisco.
La urgencia suele marcar el ritmo del trabajo periodístico. Cubrir ruedas de prensa, accidentes, declaraciones oficiales o hechos de último momento forma parte de la rutina cotidiana de muchas redacciones. Sin embargo, detrás de esa velocidad informativa, existen historias que requieren tiempo, distancia, contexto y sensibilidad para comprender aquello que no aparece en los primeros cuatro párrafos de una nota.
Bajo esa premisa se realizó el taller “Romper la nota diaria: periodismo de investigación que nace de la calle”, impartido por el periodista y editor de Canal 44, Isaack de Loza Hernández, en las instalaciones de Radio Universidad de Guadalajara en Autlán, como parte de las actividades por el 25 aniversario de la emisora universitaria.
Durante la apertura del encuentro, integrantes de Radio UDG Autlán destacaron la importancia de generar espacios de formación y actualización periodística desde las regiones, particularmente en un contexto donde la cobertura informativa exige adaptarse a distintos lenguajes y plataformas.
El taller reunió a estudiantes, investigadores y colaboradores de medios de la región Costa Sur y Sierra de Amula para dialogar sobre los procesos detrás de un reportaje de investigación, tomando como eje el trabajo “El día que el Sol se apagó en Los Agaves”, ganador del Premio Jalisco de Periodismo 2018.
Del hecho policiaco a la pregunta de fondo
Isaack de Loza explicó que el reportaje nació a partir de una nota policiaca aparentemente breve: la muerte de una mujer y sus dos hijos dentro de una vivienda en el fraccionamiento Los Agaves, en Tlajomulco de Zúñiga.
La cobertura inicial hablaba de una mujer que había dejado una carta póstuma antes de quitarse la vida junto con sus hijos. Para el periodista, ese detalle cambió completamente la lectura del hecho.
“Yo dije: tengo que tener esa carta. Porque ahí estaba la voz de la víctima. Ahí estaban las razones específicas por las cuales esa persona decidió tomar una determinación que no solamente le costó la vida a ella, sino la de sus dos hijos”, relató.
A partir de ese momento comenzó un proceso de investigación que incluyó solicitudes de transparencia, entrevistas con policías, vecinos, autoridades municipales, personal del Instituto Jalisciense de las Mujeres, psicólogos y habitantes del fraccionamiento.
La historia, señaló, dejó de ser únicamente un caso policiaco para convertirse en un reflejo de problemas estructurales relacionados con la pobreza, el abandono institucional, la precariedad laboral y las fallas en los mecanismos de atención social.
“¿Por qué una mujer tomó una determinación de esa magnitud? Ahí fue donde entendí que esto era más que una nota”, comentó.

Fotografía: Unidad de difusión Cu Costa Sur
La importancia de problematizar la realidad
Uno de los ejes centrales de la charla fue la necesidad de que el periodismo vaya más allá de reproducir declaraciones o describir hechos aislados. Para Isaack de Loza, el trabajo periodístico cobra sentido cuando logra conectar un acontecimiento particular con procesos sociales más amplios.
“Tu meta no es chingarte al político. Tu meta es que lo que tú haces, lo que tú escribes y lo que tú preguntas le sirva a la gente”, afirmó durante el taller.
El periodista explicó que muchas veces la información más relevante de una historia aparece escondida entre los últimos párrafos de una nota cotidiana.
A partir de ello, insistió en que los periodistas deben desarrollar la capacidad de detectar aquello que conecta con la vida cotidiana de las personas.
“Piensa qué le interesaría leer a tu mamá, a tu familia, a la gente. Ahí está muchas veces el verdadero tema”, señaló.

Fotografía: Unidad de difusión CU Costa Sur
El riesgo de normalizar la violencia
Otro de los momentos más intensos del taller ocurrió cuando Isaack de Loza habló sobre su experiencia como reportero policiaco durante los años más violentos de la llamada guerra contra el narcotráfico.
El periodista recordó cómo la cobertura diaria de asesinatos, enfrentamientos y escenas violentas puede generar procesos de deshumanización tanto en reporteros como en instituciones.
“Cuando normalizas la tragedia, te vuelves insensible e inhumano”, afirmó.
Narró además algunos episodios que marcaron su trayectoria profesional, entre ellos la cobertura de incendios, homicidios y escenas donde las víctimas dejaron de verse como personas para convertirse únicamente en cifras o datos.
En ese sentido, criticó el lenguaje deshumanizante que frecuentemente se utiliza en la nota roja.
“Dejas de escribir ‘líquido hemático’, ‘privado de la vida’ y todas esas muletillas. Empiezas a humanizar los casos”, explicó.
El reportero también reconoció que el trabajo constante con historias de violencia puede tener consecuencias emocionales profundas.
En el caso del reportaje sobre Sol, admitió que llegó un momento en el que la historia comenzó a afectarlo personalmente.
“Ya estaba demasiado metido dentro de la historia. Ya era mi historia”, expresó.
Por ello, decidió detener el proceso de escritura durante varios meses para tomar distancia emocional antes de concluir el texto.
El papel del editor y la autocrítica
A lo largo del taller, Isaack de Loza insistió en la importancia de contar con editores críticos capaces de cuestionar y mejorar los trabajos periodísticos.
“Tengan un editor en su vida”, dijo en repetidas ocasiones frente a los asistentes.
Según explicó, una buena edición no busca exhibir errores del reportero, sino fortalecer el enfoque, detectar omisiones y encontrar el verdadero valor informativo de una historia.
También habló sobre la necesidad de reconocer errores dentro del ejercicio periodístico y aprender de ellos.
Relató, por ejemplo, cómo en una nota policiaca publicada años atrás difundió por descuido el domicilio de la familia de una víctima, generando preocupación y temor entre sus familiares.
“Ahí entendí la responsabilidad que implica publicar una historia”, recordó.
Redes de apoyo y periodismo regional
En la parte final de la conversación, el periodista abordó los riesgos que enfrentan reporteros en contextos marcados por la violencia y la presencia del crimen organizado, particularmente fuera de las grandes ciudades.
Reconoció que ejercer periodismo en regiones implica retos adicionales relacionados con la seguridad y las presiones políticas o económicas.
Por ello, consideró fundamental que periodistas construyan redes de apoyo entre colegas.
“Todos nos vamos y todos regresamos”, recordó sobre una de las reglas informales que compartían reporteros policiacos durante coberturas de riesgo.
También subrayó que ninguna historia vale la vida de un periodista.
Finalmente, el taller cerró con una reflexión sobre la función social del periodismo y la necesidad de recuperar historias capaces de explicar fenómenos más allá de la coyuntura inmediata.
Para Isaack de Loza, el periodismo de investigación no surge únicamente desde grandes filtraciones o documentos confidenciales, sino también desde la observación cotidiana, las preguntas incómodas y la capacidad de mirar con profundidad aquello que muchas veces pasa desapercibido.
“La nota diaria resuelve el hecho. Pero el periodismo también tendría que preguntarse por qué ocurrió y qué estructuras lo hicieron posible”, concluyó.
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