Redacción.
La protección del medio ambiente es una lucha que lleva tiempo en las agendas políticas del mundo y que ha vivido varias fases desde su puesta en marcha hace más de 50 años.
El deshielo, el exceso de residuos, las industrias contaminantes y la falta de recursos son los principales problemas a los que se enfrenta nuestro planeta desde el comienzo de la industrialización.
Cada 5 de junio, el planeta celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha del calendario establecida por la ONU en 1972.
“con el propósito de resaltar que la protección y el cuidado del entorno natural son esenciales para el ser humano y el progreso económico global”, tal y como explica la UNESCO en su página oficial.
La decisión fue tomada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano de 1972 celebrada en Estocolmo (Suecia) y comenzó a celebrarse al año siguiente.
Esta iniciativa puso en marcha también el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que es definido por la misma Organización como la “autoridad ambiental líder en el mundo”.
Este proyecto ha dado voz a problemas ambientales durante más de 50 años tales como la restauración de la capa de ozono, la protección de los mares o la necesidad de una economía verde y ecológica, según explica la ONU.
El cuidado del medio ambiente como problema global.
Uno de los propósitos principales del PNUMA es concienciar no solo a la ciudadanía, sino también a gobiernos, organismos públicos y empresas privadas acerca de la protección de nuestro entorno, no solo para las generaciones actuales, sino también para las venideras.
Es por ello por lo que el Día Mundial del Medio Ambiente cuenta con diferentes sedes cada año, de manera que se recalque su necesidad global y con un objetivo específico para el país elegido como anfitrión.
En 2026, la República de Azerbaiyán será la encargada de acoger esta celebración y, concretamente, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que comenzó a celebrarse en 1972.
Que la celebración sea global ha ayudado a recalcar la necesidad de crear ministerios y organismos de medio ambiente en todo el mundo o incluso programas de protección colectiva del planeta que, con el tiempo, se han ido normalizando cada vez más.

EFE/Pedro Pablo Cortés / ARCHIVO
Cambio climático: causas y efectos.
En los últimos años, las reuniones han girado en torno al problema del cambio climático, un fenómeno que se viene escuchando desde hace mucho tiempo, pero del que a veces no se está realmente concienciado por desconocerlo en profundidad.
El cambio climático es definido por la ONU como todos aquellos “cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos” que pueden ser naturales, debido principalmente a la actividad solar y sus variaciones o bien a erupciones volcánicas, o procedentes de la actividad humana.
La ONU explica que, desde el siglo XIX, los trabajos industriales han sido el principal motor humano del cambio, debido sobre todo “a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas”.
El resultado es la expulsión de gases de efecto invernadero que envuelven a la Tierra para tapar la luz solar y mantener altas temperaturas.
La NASA ha expuesto en varias ocasiones estos problemas mediante datos científicos y a través de su página web explican detalladamente qué evidencias existen hoy para afirmar que el cambio climático es real.
Entre estos problemas se encuentran el aumento de la temperatura global, que desde mediados del siglo XIX ha aumentado 2 grados Fahrenheit, mientras que los últimos 7 años han sido en general, los más cálidos. 2016 y 2020 se encuentran en lo más alto de la lista hasta el momento.
Por otra parte, el océano también ha absorbido este aumento de la temperatura y los 100 primeros metros superiores, es decir, alrededor de los primeros 328 pies de profundidad, han incrementado alrededor de 0’6 grados Fahrenheit desde 1969.
Uno de los mayores problemas es que el océano acumula el 90% de la energía sobrante a causa del efecto invernadero que no es absorbida por el resto de la superficie terrestre.
Y esto se traducirá en un incremento del nivel del mar de cara al futuro al que también hay que sumarle el deshielo a través de las capas y los glaciares, que han perdido masa especialmente en Groenlandia y en la Antártida.

EFE/ Elvis González
La crisis climática y su eterna omnipresencia.
El Foro Económico Mundial, organización no gubernamental encargada de debatir y analizar los principales problemas a nivel mundial, publica de manera anual un estudio titulado ‘Global Risks Report’ o ‘Informe de Riesgos Globales’ en el que se exponen los desafíos más relevantes a los que se enfrenta el planeta de cara al próximo año.
En el informe de 2025, además de los conflictos armados y la polarización social, tuvo como protagonista la crisis climática y su eterna lucha tanto a largo como a corto plazo. Se informa de que el 2024 fue el año más caluroso registrado y que estos efectos no parecen desacelerar.
Las olas de calor, las tormentas y las inundaciones parecen posicionarse como una nueva normalidad, especialmente en países como España, que cuenta con una escasez de agua recalcada por el informe anual y que está poniendo en jaque a la agricultura del país.
Como resumen, este análisis elabora una lista con los problemas mundiales en orden de importancia y magnitud. Los problemas medioambientales extremos aparecen en la segunda posición, superados solamente por los conflictos armados entre estados.

EFE/EPA/GUILLAUME PINON
Soluciones ciudadanas a un problema mundial.
Según Greenpeace, la actividad humana es la principal causa del cambio climático, sobre todo por la quema de combustibles que generan gases de efecto invernadero. Un problema que pasa desapercibido por desconocimiento o comodidad pero que ya comienza a dar resultados devastadores para los ciudadanos: fenómenos meteorológicos extremos -como las danas-, sequía e incendios masivos.
Todas estas consecuencias producidas por la industria son pagadas mayoritariamente por los ciudadanos de a pie. ONU-Hábitat, la agencia internacional encargada de promover hábitos sostenibles, ha marcado una serie de recomendaciones de cara a la vida cotidiana para colaborar mínimamente en la lucha contra el cambio climático.
El uso del transporte público o ecológico como las bicicletas es una de sus mayores recomendaciones debido, sobre todo, a que los vehículos de motor representan el 64% del consumo mundial de petróleo, el 27% de todo el uso de la energía y el 23% de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía.
La compra de productos locales, especialmente de frutas y verduras, ayudan también a reducir el tiempo de conducción de los camiones de transporte, así como el cultivo de alimentos más ecológicos y naturales.
A ello se le suma la reducción del plástico en la compra ya que cada año se utilizan hasta cinco billones de bolsas de un solo uso, debido especialmente a la rapidez y facilidad que supone adquirirlas in situ en el supermercado.
La lucha por alcanzar un planeta mejor lleva estando en las agendas globales desde la segunda mitad del siglo XX y, a pesar de los avances y concienciación, nunca parece llegar el momento exacto de haberla superado, sino más bien todo lo contrario.
Un consumo de productos contaminantes cada vez más masivo, las industrias que destruyen ferozmente la capa de ozono con su actividad y la falta de sensación de riesgo ponen en primera plana un problema global del que los ciudadanos son sus principales víctimas.
El trabajo conjunto es primordial y todo ello se puede conseguir, aunque parezca contradictorio, con acciones individuales.
- El Día Mundial del Medio Ambiente no es únicamente una fecha más en el calendario de las celebraciones, sino un evento que puede volver a recordar, al menos una vez al año, que este planeta no es eterno, y menos aún sus recursos.
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