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El éxito de las nuevas mascotas virtuales reabre el debate sobre la dependencia tecnológica y el aislamiento humano.
Quienes crecieron en los años noventa recuerdan perfectamente el pitido de un Tamagotchi pidiendo comida en mitad de una clase, o el susto cuando un Furby se despertaba solo en mitad de la noche.
Y es que quién iba a imaginarse, hace casi 30 años, que un simple huevo de plástico con una mascota virtual cambiaría para siempre nuestra relación con la tecnología. Porque eran juguetes muy sencillos y con pocas respuestas, pero conseguían que nos encariñáramos de verdad y quisiéramos cuidarlos.
Sin embargo, la moda terminó siendo pasajera y estos compañeros digitales parecían cosa del pasado. Hasta ahora. Porque, en 2026, las mascotas virtuales y los peluches interactivos han regresado, y no es casualidad.
¿Cómo influyen las mascotas virtuales en la soledad actual?
Hoy en día la soledad se ha convertido en un problema real. Y así, lo que empezó como una moda de juguetes hiperconectados en Asia se está convirtiendo en un fenómeno mundial.
Porque la gran promesa de estos juguetes, que ya no usan pantallas grises ni sonidos antiguos, sino Inteligencia Artificial (IA) para hablar e interactuar con nosotros, es demasiado atractiva como para ser ignorada.
Se trata de compañeros artificiales que no solo piden atención al humano que los posee, sino que se aprenden sus horarios, notan si cambia el tono de voz, apuntan recuerdos en un diario digital y simulan emociones como el cariño.
A finales de 2025, Huawei revolucionó este sector en China con el lanzamiento del Smart Hanhan (también llamado “Smart Silly” en algunas tiendas online).
Este pequeño juguete, que mide apenas 80 x 68 x 82 milímetros y pesa solo 140 gramos, fue un éxito inmediato y se agotó en pocas horas en la web oficial Huawei Mall.
Eso sí, el Smart Hanhan no es un simple altavoz envuelto en tela suave. Por dentro lleva integrada la inteligencia artificial Xiaoyi, que le permite hablar de forma totalmente natural, entender los sentimientos de su dueño y guardar los recuerdos de sus charlas diarias si se conecta a un teléfono con el sistema HarmonyOS 5.0 o superior. "Puedes cuidarlo, conversar con él y usarlo para socializar", dicen a Efe desde la compañía.
Su precio de salida fue de lo más competitivo: 399 yuanes, que al cambio son aproximadamente entre 50 y 55 dólares. Técnicamente, viene con una batería de 1800 mAh que dura entre 6 y 8 horas de juego continuo. Además, responde al tacto y cambia sus expresiones cuando se le acaricia.

Foto:EFE
Detalles confirmados sobre nuevos peluches y robots interactivos
Como alternativa, en el Mobile World Congress (MWC) de Barcelona, la marca ZTE llamó la atención de todos con su propia propuesta: el iMoochi. A diferencia de otros asistentes virtuales que solo hablan, este se comporta de manera más “animal”.
Gracias a sus sensores táctiles, responde a las caricias haciendo ruiditos de felicidad y moviendo la cola, bosteza cuando tiene sueño e incluso reacciona si lo lanzas al aire y se queda flotando por un momento.
Pero, para entender el éxito de estos juguetes con estilo, primero hay que hablar de los famosos “Labubu”. Creados en 2015 por el artista Kasing Lung, se trata de pequeños monstruos coleccionables, peludos y de cuerpo redondo, con orejas puntiagudas y nueve dientes afilados que forman una sonrisa traviesa.
La empresa china Popmart convirtió a estos muñecos en una auténtica locura de ventas durante el año 2025. De hecho, sus beneficios netos subieron un impresionante 396% en el primer semestre de ese año, en gran parte porque la gente empezó a colgarlos de sus bolsos como un accesorio de moda.
Pero en 2026 ha llegado un nuevo competidor: Mirumi, que pareciera el heredero tecnológico de los Labubu. Diseñado por Yukai Engineering (una “startup” de robótica de Tokio), es un “robot amuleto” (“charm robot”) de ojos saltones y cuerpo peludo pensado precisamente para llevarlo colgado del bolso.
Este pequeño robot se presentó en la feria CES de Las Vegas 2025, se financió a través de campañas en Kickstarter y sus entregas están previstas para mediados de 2026, con un precio de unos 114 dólares.
Eso sí, Mirumi no está pensado para ser un aparato útil o productivo. No proporciona información en una pantalla ni responde a las órdenes de voz.
En lugar de eso, siente cuando le tocan la cabeza gracias a un sensor táctil y escucha lo que pasa a su alrededor mediante dos sensores de sonido en su cuerpo.
Un pequeño chip interno procesa estas señales y activa unos motores para que el muñeco se mueva de forma muy natural. Mirumi se comunica en silencio, gira, asiente y sacude la cabeza de diferentes maneras, e incluso hace unos movimientos lentos para avisar de que se le está acabando la batería.
En su página web oficial, la empresa japonesa lo describe como “un robot amuleto que gira la cabeza con una mirada tímida y curiosa en respuesta al sonido o al tacto, o incluso por sí solo, brindando una sacudida de alegría para ti y para cualquiera que esté cerca”.
Frente a la sonrisa fija de los Labubu tradicionales, la promesa de los creadores de Mirumi radica en que “estos pequeños momentos no planificados pueden despertar alegría en nuestros corazones, conectándonos de maneras inesperadas”. Por eso, los definen como:
“Robots que acercan a las personas al inspirar conexiones emocionales”.

Foto: EFE
Compañeros digitales en entornos laborales y dilemas éticos
El regreso de estas mascotas virtuales no solo se ve en los juguetes físicos, también ha llegado a los programas que se utilizan para trabajar. Algunas de las empresas tecnológicas más importantes están metiendo pequeños compañeros digitales en entornos de trabajo complejos como, por ejemplo, la programación de software.
El 1 de mayo de 2026, la compañía OpenAI sorprendió a los programadores al lanzar “Codex Pets”. Con un mensaje muy sencillo en sus canales oficiales, la empresa anunció: “Mascotas. Ahora en Codex. Usa /pet para despertar a tu mascota”.
De hecho, OpenAI ha diseñado varios modelos de mascotas virtuales, como Dewey, un simpático pato organizador, o un supervisor de errores de sistema llamado BSOD. Estos personajes aparecen como pequeñas ventanas en la pantalla y cambian de aspecto según el estado de cada código en el que se esté trabajando.
Y su gran rival, Anthropic (los creadores de la inteligencia artificial Claude), no se quedó atrás. El 1 de abril de 2026 lanzaron por sorpresa su propia mascota dentro de la consola de comandos al que llamaron Buddy.
Este puede mostrar hasta 18 especies distintas dibujadas con caracteres de texto o arte ASCII (como patos, dragones o capibaras).
El éxito de estas mascotas con inteligencia artificial demuestra un cambio importante en nuestras vidas, pero también en la industria y las posibilidades de esta tecnología.
El nuevo y millonario negocio de la IA ya no es solo vender herramientas de trabajo, sino “cuidar” de nuestro bienestar emocional. Y ahí es donde radica el dilema ético.
Porque estas nuevas mascotas artificiales de 2026, ya sea un peluche con cables colgando de su bolso o un pequeño dibujo que los acompaña mientras trabajan frente al ordenador, podrían estar llenando los vacíos de la sociedad... O acentuándolos y generando mayor dependencia emocional con la tecnología.
Para saberlo, hay que esperar. Y es que solo con el tiempo podremos saber, quizás, si estos compañeros son una solución contra la soledad que mucha gente siente o si, por el contrario, terminaremos por aislarnos todavía más detrás de la agradable sonrisa de un robot.

Foto: EFE
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