Hodofobia: cuando las maletas nos hacen temblar
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Psicología.

La hodofobia es un desorden específico “en el que un temor angustioso e incontrolable no está asociado a un medio de transporte concreto, sino al propio hecho de viajar en sí”, explica la doctora Daniela Silva, especialista en Medicina Interna. 

Algunas personas pueden experimentar síntomas físicos, incluso días antes de viajar, ante la idea de alejarse de un entorno que consideran seguro, perder la sensación de control o no poder recibir ayuda si surge una emergencia lejos de casa, señala. 

“La ansiedad hodofóbica se desencadena por la incertidumbre asociada al desplazamiento o la anticipación de que pueda ocurrir algo negativo durante el viaje”.

Explica Silva, advirtiendo que la literatura científica sobre este trastorno aún es limitada.

Aunque un viaje vacacional suele asociarse al descanso, la desconexión y el bienestar, para algunas personas el simple hecho de planificarlo, subir a un medio de transporte o pensar en el trayecto que recorrerá, puede desencadenar una intensa respuesta de ansiedad, con palpitaciones, tensión muscular, molestias digestivas o dificultades para dormir.

“Esta alteración se conoce como hodofobia, una fobia específica que se caracteriza por un miedo intenso, persistente y desproporcionado a viajar”.

Explican los expertos de Cigna Healthcare, compañía especializada en servicios y seguros de salud.

Desde Cigna señalan que “es importante tener en cuenta que, si bien la literatura científica sobre la hodofobia es limitada, existe evidencia bastante amplia sobre el estudio de otras fobias, lo cual facilita entender lo que tienen en común y sus mecanismos fisiopatológicos de base”.

Al igual que otras fobias este desorden se caracteriza por una sensación de malestar físico y emocional asociada al miedo ante un estímulo, que no siempre se presenta de la misma forma, la cual puede ser muy intensa y llegar a interferir en la vida cotidiana de quien la padece, según explican.

Estos expertos apuntan que “la palabra hodofobia proviene de los términos griegos ‘hodos’, que significa camino o viaje, y ‘phobos’, que significa miedo. Por lo tanto, desde un punto de vista etimológico, se refiere a una fobia específica”.

“Dicho esto, todas las fobias comparten características en común, y en algunos casos pueden coexistir

...Una persona con hodofobia puede sufrir fobias relacionadas como la aerofobia (miedo a volar), la amaxofobia (miedo a conducir) o la agorafobia (temor a los espacios abiertos)”, según advierten.

Hodofobia: cuando las maletas nos hacen temblar

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Aunque “algunas personas desarrollan hodofobia tras vivir una situación estresante, como un accidente o un episodio de gran ansiedad, en muchos casos no existe un desencadenante claro.

La predisposición genética, determinados rasgos de personalidad o la tendencia a interpretar algunas situaciones como amenazantes pueden favorecer que el cerebro aprenda a reaccionar con miedo ante experiencias cotidianas”, explican.

Añaden que, en este tipo de fobias específicas, la ansiedad y los síntomas asociados pueden aparecer mucho antes de empezar el viaje cuando la persona piensa repetidamente en la situación temida o imagina posibles escenarios negativos, haciendo que en su cerebro se activen los mismos circuitos implicados en la respuesta al miedo.

“Aunque la persona que renuncia a viajar suele sentir un alivio inmediato, esta solución puede hacer que su cerebro interprete y ‘aprenda’ que realmente existía una amenaza

...Lo que contribuye a que se mantenga el miedo a largo plazo y favorece que la respuesta de ansiedad aparezca con mayor intensidad ante futuras situaciones similares”, puntualizan.

Señalan que “detrás de esta reacción existe una explicación neurobiológica. Cuando una persona con una fobia específica se enfrenta a la situación que teme, o incluso cuando la anticipa, el cerebro activa los circuitos relacionados con el miedo, especialmente la amígdala, una estructura encargada de detectar amenazas y poner al organismo en estado de alerta”.

“Como consecuencia, se desencadenan una serie de cambios fisiológicos, como el aumento de la frecuencia cardiaca, la aceleración de la respiración o la tensión muscular”.

Añaden.

Aclaran que “aunque esta respuesta fisiológica constituye un mecanismo normal de supervivencia, en las fobias se activa ante situaciones que no representan un peligro real y puede llegar a afectar a distintos sistemas del organismo y alterar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen”.

“En la población general, las fobias suelen asociarse únicamente al miedo, pero en realidad implican una respuesta compleja del organismo que puede afectar a la salud física y emocional”.

Cerebro en alerta continua.

“Cuando el cerebro permanece en un estado de alerta continuado, es frecuente que aparezcan síntomas como alteraciones del sueño, fatiga, problemas digestivos o dificultades para concentrarse, incluso sin que la persona llegue a exponerse a la situación que teme”, señala la doctora Silva.

Por eso, “es importante prestar atención a aquellas señales que interfieren en la vida cotidiana, ya que identificar el problema a tiempo puede ayudar a evitar que el miedo se cronifique y limite progresivamente el bienestar y la calidad de vida", enfatiza.

“Lo que caracteriza a la hodofobia es el temor al hecho de viajar en sí. Para algunas personas, este miedo aparece ante la idea de alejarse de un entorno que consideran seguro, perder la sensación de control o no poder recibir ayuda si surge una emergencia lejos de casa”, explica a EFE la doctora Silva.

En otras personas, “la ansiedad se desencadena por la incertidumbre asociada al desplazamiento, sentirse atrapado en una situación de la que resulta difícil escapar o por la anticipación de que pueda ocurrir algo negativo durante el viaje”, complementa.

Por eso, dos personas con hodofobia pueden vivir la experiencia de forma muy diferente, según esta especialista.

“Una puede sentir ansiedad únicamente al volar, mientras que otra puede evitar cualquier desplazamiento, independientemente del medio de transporte

...Lo que comparten no es el miedo al avión, al coche o al barco, sino la ansiedad que les genera el hecho de viajar”, recalca.

“En aquellas situaciones en las que el miedo no genera una limitación importante en la vida cotidiana, algunas estrategias pueden ayudar a manejar la ansiedad, por ejemplo, practicar técnicas de respiración y relajación en el día a día para calmar el cuerpo cuando aparece la ansiedad, explica Silva.

Además, “puede ser útil observar los pensamientos que surgen cuando se piensa en viajar y tratar de analizarlos con cierta perspectiva para valorar si responden a un riesgo real o si están influenciados por la propia ansiedad”, según esta especialista

“En estos casos, el apoyo de un especialista puede ayudar a entender mejor qué es aquello que está manteniendo ese miedo a viajar y a trabajar con herramientas más específicas para reducir la ansiedad de forma progresiva y segura”, concluye la doctora Silva.

Hodofobia: cuando las maletas nos hacen temblar

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