Fotografía: EFE/Hannes Klostermann/Cortesía Ocean Image Bank
Ciudad de México, México.

Los países latinoamericanos han mostrado un gran consenso sobre la necesidad de proteger las aguas no territoriales, la llamada “alta mar”, en las distintas rondas transcurridas para negociar un Tratado Internacional de los Océanos que concluyeron sin éxito la pasada madrugada.

Como destaca Gladys Martínez, directora ejecutiva de la Asociación Interamericana de Defensa del Ambiente (AIDA) en entrevista, los países de Centro y Sudamérica han dado suficientes “muestras de compromiso” para aumentar las áreas marinas protegidas y promover un uso sostenible de las aguas de alta mar.

Fotografía: EFE/Mathias Horne/Cortesía Ocean Image Bank

Hace tiempo que la región ha entendido que “no hay fronteras en el mar”, como ha quedado claro en el ejemplo de las tortugas de Las Baulas (Costa Rica), cuya población solo creció cuando se puso freno a la llamada “pesca incidental” que la especie sufría en alta mar; o el caso de las galápagos de Ecuador, víctima también incidental de la flota pesquera china, o las amenazas sobre los tiburones, entre otros ejemplos.

Con toda su diversidad ecológica y cultural, la región se enfrenta al reto del nuevo tratado con unos problemas comunes: el primero de ellos, que no tienen acceso al caudal de datos e información que manejan los países más industrializados, a los que grupos ecologistas acusan de haber trabajado para rebajar la ambición del texto.

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