
Los Ángeles.
Mientras los focos apuntan a los estadios millonarios del Mundial, el fútbol emerge en las escuelas públicas de Estados Unidos como un refugio comunitario para erradicar el absentismo y la exclusión social, capaz de hacer frente al sistema elitista que privatiza el talento en el país.
Lejos de prestigiosas academias articuladas por un restrictivo modelo de pago, y contagiadas por la popularidad que despierta el fútbol en las comunidades latinoamericanas, cada vez son más los colegios públicos que buscan devolver el balón a los barrios como un motor de desarrollo.
El conocido 'soccer' vive su época más dorada en el país norteamericano, motivado por el fuerte impulso de las nuevas generaciones y la acogida de eventos de prospección internacional como el Mundial que se disputa en México, Canadá y Estados Unidos.
Desde su creación en 1993, la Major League Soccer (MLS) se ha consolidado en torno a 30 equipos motivada por la masiva inversión de potentes franquicias, como el Inter Miami, Los Angeles Galaxy o el debutante San Diego FC.
La liga estadounidense ha registrado un crecimiento histórico de más del 62 % en audiencia televisiva y contenidos en línea (streaming), mientras la competición femenina (NWSL) se coloca como un referente mundial con asistencias récord auspiciadas por la histórica selección nacional (USWNT), de acuerdo con sus propios datos.
Detrás de esos contratos de cifras astronómicas, el fútbol base esconde una profunda fractura social provocada por la barrera económica del modelo Pay-to-Play (pagar por jugar), que segrega a los menores según los ingresos de sus hogares.
Más allá del talento invisible
A través de fondos públicos y alianzas con distritos escolares, diversas iniciativas utilizan el balón no solamente para ofrecer oportunidades a algún diamante en bruto que de otro modo quedaría oculto por falta de recursos, sino para combatir el absentismo escolar y revivir este deporte en entornos vulnerables.
Es el caso de KG Soccer, una academia que opera en los distritos escolares del sur de California, una de las regiones con mayor densidad de población de origen latino de Estados Unidos.
La organización ofrece un programa gratuito que trabaja en los patios públicos de la ciudad de San Diego como una herramienta que transforma el fútbol escolar en el mayor incentivo para combatir el absentismo y motivar a las nuevas generaciones.
"Utilizamos el fútbol como una herramienta para cambiar vidas y mejorar vidas (...) Lo que estamos inculcando son valores y habilidades que ellos van a necesitar para su vida en el día a día",
indican a EFE los exfutbolistas profesionales Sergio 'Keko' Gontan y Álex Segura, impulsores de esta academia que acoge a unos 400 estudiantes.
El embudo económico
La desconexión de EE.UU. con el fútbol suele achacarse a factores tácticos, pero los técnicos apuntan a la desaparición del juego espontáneo en las calles.
La sociedad americana no tiene a los niños jugando en la calle como en España o Latinoamérica. Sin esos espacios, no desarrollan las capacidades técnicas, advierten.
Mientras en países en vías de desarrollo los niños y niñas invaden los barrios para jugar con el balón, en EE.UU. "están con la tableta o el patinete eléctrico", agrega Gontán.
- Pero cuando el talento florece en los barrios más humildes del país, las familias chocan contra un muro financiero que les impide progresar en ligar más profesionales.
A este escenario se suma el "tapón" a la falta de continuidad competitiva para una juventud que no logra dar el salto a las esferas profesionales.
"O se convierten en pros en una academia de la MLS o ya no hay nada, dejan de jugar al fútbol", advierten los técnicos de KG Soccer.
Frente al colapso del sistema tradicional, la ayuda pública sostiene la última frontera de la inclusión.
"Estamos muy agradecidos con estas subvenciones públicas, porque es de esta manera con la que podemos seguir mejorando el 'soccer' en este país", concluyen.
Mikaela Viqueira
UDGTV
Radio UdeG






















