Doctores de la Alegría llevan Carnaval a hospital Mandaqui en São Paulo
Foto: EFE




São Paulo, Brasil.

En Brasil, ni los hospitales se quedan afuera del Carnaval. El silencio de los pasillos, que usualmente se interrumpe con el pitido de los monitores cardíacos, en esta época del año cede su lugar a una comparsa de payasos, que desfila y transforma el diagnóstico en juego.

"Pensábamos que ya no iban a venir. Los estábamos esperando".

Le dice la policía que custodia el ingreso al sector pediátrico del Hospital Mandaqui a uno de los Doctores de la Alegría, al que reconoció vestido de civil.

Hace unos veinte años que esta ONG, compuesta de artistas dedicados a la disciplina payasesca, asiste dos veces por semana a este hospital público ubicado en la zona norte de São Paulo, aunque en esta oportunidad lo hace por un motivo especial: para desplegar su colorido ‘bloco’ (comparsa), que ya lleva nueve años paseando por los hospitales paulistas.

En la comparsa ‘Riso Froxo’ (Risa floja, en español), lo único contagioso es la sonrisa y las compresas no se hacen "con prisas", bromea el payaso Cavaco en entrevista con EFE, jugando con la similitud fonética de las palabras.

Cavaco, "también conocido como Anderson Machado", de 40 años, es uno de los doce payasos que hace que, al menos por un rato, las enfermeras se quiten sus anteojos para colocarse unas máscaras de colores estridentes y aparten el estetoscopio para colgarse simpáticas corbatas de cartón.

Los pasillos, en los que usualmente solo se escucha el roce de los zapatos de goma sobre el linóleo, se llenan de las clásicas músicas de la celebración brasileña más importante del año, pero con letras dedicadas a la salud.

Hablarle al niño “detrás del diagnóstico”

Al oír los tambores a lo lejos, un niño da saltos en la puerta de su habitación junto a su madre, que con una mano sostiene el portasueros y con la otra graba con su móvil el momento en el que la docena de payasos irrumpe en ese ala del hospital.

“Me dieron ganas de llorar. Queriendo o no, es un poco difícil para los niños pasar por esto. (El espectáculo) les dio un subidón, una alegría. No solo a ellos, a nosotras también”.

Afirma Natali Barbosa, de 33 años, que acompaña a su hijo Wendell, de ocho, quien lucha contra una infección severa.

"Cuando el niño entra al hospital, es convertido en un diagnóstico. Las personas pasan a interactuar con él a partir de lo que padece y del tratamiento que precisa".

Los Doctores de la Alegría "trabajamos mucho con el lado saludable de la persona" más allá de la enfermedad, cuenta la payasa Guadalupe, personificada por la actriz Tereza Gontijo, de 39 años.

“Detrás de ese diagnóstico, hay una persona. Detrás de un profesional de salud, hay una persona. Detrás del papel de madre, hay una persona”, enfatiza. "No venimos a curar, sino a trabajar el lado saludable, a pesar de todo lo demás".

Llegar con la “cara limpia”

Pero no todo son risas y festejos. Antes de que la música empiece, los payasos visitan el hospital “de cara limpia”, para conversar con los médicos e informarse sobre la cantidad de pacientes en cada área y el estado de salud de cada niño.

Mientras tiñen sus párpados de colores en la previa a salir “a escena”, se advierten sobre el hueso quebrado del niño de la primera sala y celebran el alta de algún paciente que recuerdan por su particular alegría.

Sin embargo, saben que el hospital no es un teatro y que ellos son visitantes en un espacio de dolor y malestar.

"Hay que saber llegar" a una habitación, explica Tereza. No es lo mismo actuar para un bebé de meses en cuidados intensivos que para un adolescente de 17 años; la voz, el volumen y la excitación deben ajustarse con precisión para no invadir, sino invitar a jugar a los chicos y a sus familias.

Sin participar activamente del festejo, la psicóloga Márcia Prado observa cómo el ambiente cambia cuando los profesionales de salud se permiten participar en el desfile.

Se percibe que el tratamiento tiene una evolución positiva cuando "lo emocional está mejor", dice la asistente social Fátima Grilo, que lleva más de 25 años en la institución, y afirma que una de las preguntas que más recibe es "¿cuándo vienen los payasos?".