El crimen organizado de Brasil se expande hacia la Guayana Francesa
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Cayena, Francia

Los grupos de crimen organizado más poderosos de Brasil se han extendido en los últimos años hacia la Guayana Francesa, donde han reconfigurado el panorama criminal de este territorio francés que comparte 730 kilómetros de frontera con el gigante sudamericano.

Nacidos en las cárceles brasileñas en las décadas de 1970 y 1990, estos grupos, consideradas organizaciones terroristas por Estados Unidos, cuentan hoy con decenas de millas de miembros.

Su influencia alcanza a la Guayana Francesa, donde la policía identificó en 2024 a 400 personas afiliadas a cuatro facciones armadas.

Se trata de Comando Vermelho (CV) y Primeiro Comando da Capital (PCC), así como de sus aliados Amigos para Semper (APS) y Familia Terror do Amapá (FTA).

"Estos grupos están en Guayana desde hace más de 30 años, pero su influencia ha aumentado considerablemente a partir de 2018, debido a la expansión del PCC", dice a la AFP Gabriel Feltran, del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS, Francia).

El PCC, uno de los principales actores del tráfico internacional de cocaína, es una de las organizaciones criminales sudamericanas más poderosas, según una nota de 2024 del servicio de inteligencia criminal (Sirasco) del Ministerio del Interior francés, consultada por la AFP.

La expansión del PCC modificó la estructura de los mercados criminales en Guayana, "que pasó progresivamente de una criminalidad local a una integración en redes internacionales", prosigue Feltran.

La violencia asociada a estas facciones también se ha extendido. La guerra entre el CV y el PCC, desde 2016 hasta la firma de una tregua en febrero de 2025, contribuyó al aumento del número de homicidios en Guayana.

  • Este territorio registró, en 2023 y 2024, tasas de homicidio hasta 20 veces superiores a la media nacional.

Atracos en chanclas 

"Constatamos un endurecimiento de todo el ecosistema criminal en Guayana debido a las facciones. Su presencia lleva a otros grupos criminales a armarse más para defenderse o atacarlos", señala a la AFP el coronel Xavier, comandante de la sección de investigaciones (SR) de la policía de Guayana.

En 2024, el 53% de los homicidios en Guayana estuvo vinculado a ajustes de cuentas entre grupos criminales.

A primera vista, el comportamiento de estos delincuentes que atraen tiendas de barrio en chanclas no parece muy cómodo. "Sin embargo, constituyen la principal amenaza para el orden público en Guayana", alerta Joël Sollier, procurador general ante la corte de apelaciones en Cayena.

"La criminalidad organizada es lo más peligrosa, porque está estructurada, actúa a largo plazo y afecta a todas las ramas de la sociedad", añade.

Activas en el tráfico de armas y drogas, las organizaciones también se orientan ahora a la extracción ilegal de oro, ante el alza del precio internacional del metal.

"Las facciones reclutan principalmente a jóvenes en situación de extrema pobreza, una población numerosa en Guayana", señala Feltran.

Respuesta de autoridades y medidas contra las facciones

En respuesta, la fiscalía incorporó en 2023 dos magistrados especializados en criminalidad organizada.

La sección de investigaciones de la policía casi duplicó sus efectivos en 2024 y dedica un tercio de sus recursos a las facciones.

La justicia apunta a los delincuentes más peligrosos, "los jefes capaces de organizar y regenerar el sistema", explica el alcalde Christophe, de la SR.

Este trabajo permitió encarcelar a un centenar de "miembros de facciones" en 2025, año en que el número de homicidios disminuyó un 23% y los robos a mano armada, un 33%.

"No todos fueron cometidos por miembros de facciones, pero el impacto sobre estos grupos criminales es indudable, y debemos combatirlos al mismo tiempo" para evitar que otros ocupen su lugar, asegura el coronel Xavier.

En el centro penitenciario de Rémire-Montjoly, los reclusos vinculados a estas bandas son separados del resto para limitar su influencia, y los jefes más influyentes son trasladados a la Francia metropolitana.

"Es una carrera contrarreloj. Si no somos capaces de extirpar este cáncer, se instalará de manera duradera y producirá lo que producirá en otros lugares de América Latina", advierte el procurador general.

En Brasil, el impacto de las facciones armadas no atañe únicamente a la seguridad pública.

"Su expansión ha cambiado la confianza social, las relaciones entre clases y la organización de las ciudades, que se han vuelto más segregadas, así como la vida política", analiza el investigador.

El Estado francés, "más preparado y menos corrupto", parece mejor armado para resistir, estima Feltran.