Presión de Trump sobre Pakistán
Fotografía: Medios
Washington, Estados Unidos.

La nueva estrategia de Donald Trump para salir victorioso en Afganistán se basa en viejas recetas militares, pero incluye también un arma diplomática de doble filo por las críticas que el presidente estadounidense hizo a Pakistán, potencia nuclear de frágil equilibrio.

El territorio paquistaní “es un refugio para organizaciones terroristas“, denunció Trump el lunes. Pakistán “tiene mucho que perder si sigue acogiendo a criminales y terroristas“, que desestabilizan al vecino Afganistán, añadió, asegurando que eso debe cambiar “inmediatamente“.

No es la primera vez que Washington pone presión a Islamabad, acusado de ser demasiado suave con la red Haqqani, aliada de talibanes afganos y que desde hace tiempo se considera tiene lazos con los servicios secretos de Pakistán.

Pero “de parte de un presidente, es el discurso más duro que se ha hecho“, destacó Sadanand Dhume, investigador del centro de estudios conservador American Enterprise Institute.

Pakistán, único país musulmán con arsenal nuclear conocido y que había tomado la delantera anunciando el lunes que no acoge “ninguna estructura organizada de ningún grupo terrorista“, expresó no obstante este martes su “deseo de paz“.

Mientras que China emprendió una vigorosa defensa de su aliado estratégico, al estimar que “la comunidad internacional deberá apoyar los esfuerzos de Pakistán“, lo que deja ver que surgirían nuevas tensiones regionales si Estados Unidos confirma el endurecimiento de sus acciones.

Los expertos están a la expectativa sobre cómo Washington ejecutará en la práctica la presión anunciada por Trump y también para ver qué medidas serán tomadas si Islamabad se niega a cumplir.

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, dejó ver este martes una posibilidad: “tenemos medios de presión“, entre ellos, que el estatus de Pakistán como “aliado privilegiado” de la Otan sea puesto en cuestión.

Dhume enumeró algunas otras, que van de una reducción de la ayuda militar estadounidense a sanciones a personas o sociedades vinculadas al ejército paquistaní. Incluso, Estados Unidos podría “ampliar las operaciones con drones sobre territorio paquistaní” dirigidas contra yihadistas.

– Carta india –

Sobre la posibilidad de retirarle su estatus privilegiado a Pakistán como no miembro de la Otan o incluso ponerlo en su lista de estados que apoyan el terrorismo, el experto dijo no creer “que lleguen tan lejos“.

James Jeffrey, del Washington Institute of Near East Policy, considera sin embargo que el margen de acción de Estados Unidos es más reducido, porque sus militares dependen de la logística de Pakistán para actuar en Afganistán.

No hay realmente forma de hacer presión sobre Pakistán“, que muy difícilmente renunciará a apoyar a Haqqani y a los talibanes, estima este exdiplomático.

Trump también asomó el lunes la carta india: “Estados Unidos siempre ha apoyado que India se involucre en Afganistán, pero siendo muy cuidadoso de no molestar a Pakistán“, aseguró Dhume.

Lo que estamos viendo ahora es que Estados Unidos ya no siente que tiene que ser tan cuidadoso con la sensibilidad paquistaní“, dijo, admitiendo también que tras 16 años de guerra es difícil no dudar de las posibilidades de éxito de la estrategia de Trump.

Seth Jones, un exoficial del Pentágono y ahora director del RAND Corporation’s International Security and Defense Policy Center, ve a su vez cabida para un futuro más estable y con un mejor balance de poder en la región.

Pakistán ciertamente no quiere que Afganistán colapse y tampoco quiere un gobierno afgano que esté fuertemente vinculado a Nueva Delhi“, dijo, asegurando que preferirían un país “relativamente estable” cuyo gobierno tenga “al menos una relación decente con Islamabad“.

Pero jugar con el balance de poder también puede ser peligroso: si las tensiones regionales se intensifican, India y Pakistán -ya enfrentados por Cachemira- podrían inclinarse hacia una eventual guerra nuclear, advierte Jeffrey.

Este analista teme, sobre todo, que una desestabilización del gobierno paquistaní genere el riesgo “de que armas nucleares caigan en manos de una organización terrorista” o de que un grupo cercano a los talibanes “tome el control de ese país” de casi 200 millones de habitantes.

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