Las encuestas realizadas durante todo el proceso electoral del 2012 en México coincidieron en su gran mayoría en un aspecto: crearon la percepción de una realidad, cuando la verdad era otra totalmente distinta, dice Roberto Castelán en su colaboración para Medios UDG Noticias con Karla Planter.
Una vez pasadas las elecciones en las que los resultados contradijeron las predicciones, presentadas todo el tiempo bajo la bandera de su cientificidad, los encuestadores se han dedicado a analizar en qué consistió el fallo de su ejercicio estadístico, y llegan a la conclusión de que muchas casas encuestadoras, aunque fallaron por gran margen, se hallaban dentro del margen de error, y que éste fue de carácter humano. Sin embargo, la realidad que crearon fue la de un candidato (Peña Nieto) que lideraba con gran amplitud las preferencias y que sería por lo tanto imbatible, minimizando el movimiento #YoSoy132 y a pesar de que iba en detrimento su imagen. Mientras que el otro candidato (López Obrador), a quien describieron como loco y necio por contradecir a la mayoría de las encuestas y afirmar que estaban copeteadas, fue el único que al final resultó más acercado a la medición de la realidad reflejada durante la jornada electoral, agrega Castelán.
Por lo tanto, una de las consecuencias que está teniendo este ejercicio fallido es la movilización masiva de ciudadanos que no creen en el sistema electoral y se ven obligados a encauzar sus actos y opiniones por otra vía, lo que puede tener efectos en la democracia mexicana, dice Castelán.

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