Fotografía: Gobierno de Zapopan
Guadalajara, Jalisco.

Este domingo comenzaron los rituales religiosos que forman parte de la Romería de la Virgen de Zapopan, pero esta vez a puerta cerrada, sin danzantes ni feligreses pernoctando en el centro para peregrinar en la madrugada. En lugar de la fiesta, venta de estampas, comida tradicional y otros elementos que acompañan la celebración, hubo policías y vallas que a partir de las 13 horas comenzaron a bloquear el acceso peatonal al centro tapatío.

Quienes llegaron antes de esa hora a sabiendas de las restricciones, hicieron fila para ingresar a la Catedral Metropolitana y visitar a la Virgen, ya que por la pandemia no podrán acompañarla en su peregrinar a Zapopan.

Nostalgia y tristeza manifestaron quienes se disponían a saludarla, aunque también reconocieron que se trata de una medida de seguridad que pretende proteger de contagios a la población, así que pedirle salud era uno de los encargos especiales que le harían.

“Muy triste, no venía (antes) pero me esperaba a verla a la pasada porque como siempre he traído nietos me esperaba pero ahorita con la robadera de niños ya es imposible cargar con ellos…Usted quiso aprovechar aunque sea para darle una visita? Darle las gracias porque nos la trajeron de vuelta y porque estamos vivos y por todo lo que nos da, porque ella es una generala de veras…Pues es triste ¿pero aun así viene a encargarle favores? Sí, a pedirle un favor y a darle gracias”.

La misa con la que se despide a la Virgen, que solía ser en la explanada del Instituto Cultural Cabañas, esta vez se programó a puerta cerrada en la Catedral a las 18 horas del domingo, para posteriormente salir en un sobrio contingente sin la grey católica hacia la Basílica de Zapopan, donde continuarán los rituales solo para acompañarlos de manera virtual.

Mientras que en otros años se han registrado hasta dos millones de visitantes, en esta Romería se prevé que sigan instalando cercos entorno a donde se encuentre la virgen para evitar que se acerquen los fieles y se generen aglomeraciones de riesgo.

Violeta Meléndez