El viaje sin retorno de Lydie, una francesa que optó por la eutanasia en Bélgica
Simon Wohlfahrt / AFP




Bruselas, Bélgica.

La francesa Lydie Imhoff, hemipléjica de nacimiento y prácticamente ciega, perdió gradualmente el uso de sus extremidades, y a los 43 años optó por la eutanasia en Bélgica por "miedo a vivir en un cuerpo muerto".

El primer encuentro de la AFP con ella tuvo lugar en marzo de 2023, después de su entrevista con un psiquiatra en Bruselas, que le dio la autorización para seguir adelante con la eutanasia.

A principios de 2024, la AFP la acompañó en su viaje desde la ciudad francesa de Besançon, donde vivía junto a su conejo Lucky, hasta Bruselas, en Bélgica, donde se sometió a la eutanasia y donde sus cenizas fueron esparcidas.

El viaje sin retorno de Lydie, una francesa que optó por la eutanasia en Bélgica

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30 de enero, Besançon

El apartamento de Lydie en Besançon parece casi vacío. El conejo Lucky se mueve junto a su silla de ruedas.

"Por un lado, tengo prisa para liberarme. Por otro, me siento culpable por abandonar a las personas que amo. Pero es mi elección", dice, añadiendo en broma: "¡Espero no olvidarme de poner las llaves en el buzón o me matarán!".

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31 de enero, rumbo a Bruselas

Todavía es de noche cuando el anestesista Denis Rousseaux y su esposa Marie-Josée, una enfermera, llegan a la casa de Lydie en una furgoneta alquilada.

Los dos, ya jubilados, han estado ayudando a Lydie desde 2023. Como no tienes relaciones con su familia, depende de un puñado de amigos y de voluntarios.

Una vez la silla de ruedas ya está cargada en el maletero, Rousseaux se pone en marcha. "Es un gesto humano", dice con la vista fija en la carretera.

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31 de enero, almuerzo en Longwy

La furgoneta se detiene en Longwy, en el departamento francés de Meurthe y Mosela, para un encuentro con Claudette Pierret, una activista de la eutanasia.

Fue Pierret quien puso a Lydie en contacto con Yves de Locht, el médico belga que realizará el procedimiento.

"Estoy cansada de luchar contra mi vida diaria, contra la enfermedad, contra mi discapacidad, contra todo", dice Lydie.

Tras el almuerzo, se despiden y la furgoneta retoma su viaje hacia Bruselas.

Cuando llegan al hospital en la capital belga, Lydie se instala en una gran sala con decoración marítima. "¿Cuál es la cena del condenado esta noche?", bromea.

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Miércoles 31 de enero, en el hospital

Antes de vivir su última noche, Lydie habla con el doctor De Locht.

  • - "¿Sigue dispuesta a hacerlo?"
  • - "Sí. Y está usted seguro de que no voy a despertar, ¿verdad?"
  • - "Dígame qué hay ahora en su corazón".
  • - "Pienso en las personas que dejo atrás".
  • - "Ya sabe lo que pensarán. A pesar de la tristeza, dirán, fue liberada".

Jueves 1 de febrero

El sol ilumina Bruselas pero las cortinas están cerradas en la habitación del hospital.

A pesar de las protestas de agricultores, el médico llega a tiempo

y le pregunta a Lydie por última vez si realmente quiere morir.

La respuesta, de nuevo, es positiva. "Muy bien, vamos a preparar los productos" dice.

De Locht cuenta con la ayuda de Wim Distelmans, jefe del departamento de cuidados paliativos. Es él quien prepara en un laboratorio la mezcla con tres ampollas de pentotal sódico.

Rousseaux le presenta a Lydie al doctor Distelmans . "¿Es él el gran jefe?" pregunta, provocando risas.

Todos están junto a la cama. Se intercambian las últimas palabras y de Locht anuncia: "Lydie, me despido".

"¿Nos veremos allá arriba?", pregunta. "Venga, saludos a los belgas, saludos a los franceses".

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"La hemos liberado"

"La enfermedad la estaba matando poco a poco y yo detuve su sufrimiento, lo que corresponde a mi ética como médico. No siento en absoluto que la maté, siento que acorté su sufrimiento", dice De Locht.

En su oficina, el profesor Distelmans prepara los papeles que entregará a la Comisión de Control. Antes de irse, habla con Rousseaux y su esposa: "La hemos liberado", les dice.

Cuatro días después de su muerte, el cuerpo de Lydie es incinerado y sus cenizas esparcidas en el césped de un jardín conmemorativo, en las afueras de Bruselas y sin la presencia de familiares.

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  • La ley belga de 2002 que despenalizó la eutanasia exige al menos dos opiniones coincidentes para que se realice el procedimiento, la de un psiquiatra y la de un médico de cabecera.

El texto estipula que la solicitud debe responder a un sufrimiento "constante, insoportable e irremediable" resultado de una condición "grave e incurable".

En 2022 se llevaron a cabo 2.966 eutanasias en Bélgica, según la comisión federal de control y evaluación. De este total, 53 personas residían en Francia.

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