Por Gabriela León
En la primer reunión abierta realizada por el segundo aniversario del grupo de Familias Anónimas “Una luz de esperanza”, la psicóloga y especialista en prevención de adicciones y psicoterapia psicoanalítica, Roselia Huerta, quien lleva 12 años trabajando con consumidores y 10 años con familiares de adictos, ofreció este martes 07 de mayo una charla introductoria al proceso de curación para ambas partes afectadas, pues afirmó, las familias también sufren secuelas de la adicción:
“Cuando me refiero al proceso dual, es que hay un reconocimiento de enfermedad de las dos partes, obviamente el consumidor tiene el proceso de adicción que, como tal, es una enfermedad crónico degenerativa y mortal, pero la familia también genera como ciertos trastornos como depresión, ansiedad y problemas conductuales, y la importancia de atenderse al mismo es que no se vuelva como un complemento. El enfermo o consumidor enferma a la familia y esta favorece que la adicción esté”.
En esta sesión, la psicóloga que trabaja en el Centro de Atención Primaria en Adicciones ambulatoria (CAPA) de Lagos de Moreno, habló sobre la importancia del tratamiento dual de curación de los familiares del adicto y comentó lo siguiente en entrevista para este medio:
“Hablando de experiencia y hablando como de investigación en ese sentido, se ha visto que hay muchísimos mejores resultados cuando la familia también tiene un proceso de sanación, pero favorecen el proceso de adicción de un consumidor, y de ahí viene la manera de ayuda más asertiva y que la rehabilitación sea más duradero y más rápido”.
“Si tienes un familiar con problemas de drogas y/o alcohol y te está afectando, acércate con nosotros”, con esta frase se busca incentivar y dejar de lado el tabú y la estigmatización sobre las adicciones, para accionarse en el proceso de reconocimiento y sanación. En este grupo de ayuda y acompañamiento, se recomienda seguir los siguientes puntos:
- Comunicar el tratamiento aprendido con los demás familiares.
- Acercarse con el adicto sin sermonear, regañar o culpabilizar.
- Hacer responsable al consumidor sobre las consecuencias de sus actos.
- No tratar al farmacodependiente como un niño.
- No obligar al familiar adicto a tomar un tratamiento o internarlo de manera obligada en un anexo o centro de rehabilitación.
- Poner límites en las afectaciones del hogar al que pertenecen.
- No ser facilitadores de dinero, techo u otros sustentos que el mismo puede hacerse cargo.
- Fomentar las actividades recreativas y de trabajo en su rutina.
Además de estas pautas, desde el aspecto psicosocial se explicó por qué es recomendable poner límites y de cierta manera, soltar con amor al consumidor, para que este se haga cargo de sus propias decisiones y para que los familiares desarrollen el respeto propio y ajeno hacia el hogar.
“Cuando yo estaba en la charla yo les decía que a veces las familias no son las que permiten que un familiar toque fondo; si lo podemos hablar en términos psicológicos, mientras yo no permito que mi familiar se dé cuenta que tiene una enfermedad, él no va a hacer algo al respecto, es como permitirle que tenga conciencia de enfermedad. Si la familia se la pasa resolviendo todas las consecuencias que ellos tienen por el consumo, difícilmente van a hacerse responsables de sí mismos y la enfermedad crece y la recuperación se vuelve menos probable y el índice de recuperación se alenta”.
Cada individuo tiene un proceso de aceptación diferente y este depende de la posibilidad de reconocer un problema. La doctora también reafirmó que las recaídas son un factor común en el proceso de rehabilitación, y que de manera estadística, en este transcurso un consumidor tiene alrededor de siete recaídas.
Cabe destacar que aunque se recomienda no obligar al enfermo a asistirse o internarlo en un centro de rehabilitación, cuando el adicto es menor de edad, la responsiva y ayuda profesional sí depende del tutor o padre. Hoy la edad de comienzo de consumo es de 9 a 11 años.
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