Por Tatiana Sánchez
De acuerdo con los habitantes del Dieciocho de marzo, uno de los principales problemas en los que se ven involucrados sobre todo los jóvenes de la comunidad, son las riñas callejeras o pleitos entre pandillas que afectan tanto a casas habitación como a negocios del lugar.
Y es que según señalan, en varios puntos de la comunidad se juntan grupos de jóvenes a consumir bebidas alcohólicas y en muchas ocasiones luego de que estas hacen efecto terminan peleando ya sea entre ellos o contra personas de otras comunidades cercanas. Este es el testimonio de una madre de familia:
“Bueno yo pienso que es más el problema de uno de padre, porque hay veces que les da uno la libertad a los hijos por tal de no estar ahí con ellos, les da uno la libertad y es donde sí batalla más…, de Cuarenta se vienen a echar cerveza aquí y ya terminan peleándose. Por eso le digo es lo que más hace falta, más de uno de padre, porque si uno pone más atención en los hijos pues no se salen tanto a empinar el codo como decimos acá. […] Aparte la policía llega al final y no hacen nada. Que vinieran y que hicieran algo, no que llegan al final y si ven algo más fuerte mejor se van”.
Estos problemas se agravan debido a que la presencia policiaca en la zona únicamente se da cuando son contratados para cubrir eventos privados. Tal como ocurre en la mayoría de las comunidades rurales, en las que se tiene que pagar por el servicio, que además no es completo pues la policía desaparece antes de que terminen los bailes:
“Cuando le hablamos viene al último ya después de mucho rato que pasa todo, mire como mañana va a haber quinceañera, de seguro van a pagar su seguridad, entonces se pelean antes de que se acabe el baile. Porque al acabarse el baile comienza lo mero bueno y para cuando el baile se acaba ya se fueron”.
Si esto fuera poco, los comerciantes y habitantes de la comunidad también se quejan de que los jóvenes utilicen como punto de reunión sus banquetas, pues aseguran que cuando inician los pleitos, estos terminan destruyendo las fachadas o quebrando botellas por todos lados, al grado de introducirse hasta las casas para continuar la riñas:
“De hecho nosotros tenemos la mala suerte de que en nuestro negocio siempre quieren estar afuera, entonces siempre estamos discutiendo con ellos, ´retírense de aquí por favor´…, Ya hasta nos han metido en problemas porque la gente dice ´no es que en la tienda de Rafa no porque ahí están todos los vatillos, esos peleoneros´ y eso baja nuestra venta”.
“Haga de cuenta que ayer dejaron su quebradero de botellas, entonces pues sí hay muchos aquí todo el día y en la noche, no dejan dormir y dejan su atascadero. […] Y hay personas que nomás no digo quién verdad, se echan su cigarrito y todo el humo va para dentro. Uno huele, los niños huelen y eso no está bien, yo sí les digo ‘váyanse al río, a otro lado porque aquí no. En eso de seguridad sí hace falta que les llamen más la atención”.
“Nomás viera cuando se pelean, hasta se meten ahí a mi casa. Un día andaban hasta el cuarto de mi suegro, bien viejito pobre de mi suegro y andaban escondidos en el cuarto, abrieron la puerta y se metieron. Corren y corren derecho para mi casa y la gente dice que no, que uno los mete, cual meten, ellos corren, a media noche uno los va a andar metiendo, si uno ya está dormido. Un día hasta a mi esposo se lo querían llevar a la cárcel, que porque él andaba tirando sabe qué, y él les dijo ´yo estoy con mi familia, yo estoy acostado con mi familia, cómo me van a llevar´”.
Por todo lo anterior, los vecinos afectados piden a las autoridades mayor presencia de seguridad pública en la comunidad, de igual manera piden se implementen proyectos educativos o deportivos que motiven a los jóvenes para que estos no terminen consumiendo alcohol o buscando pleitos.
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