Paso por México, un calvario para los migrantes centroamericanos




Por Luz Atilano

México es un paso obligado para los migrantes centroamericanos que buscan llegar a los Estados Unidos con la esperanza de encontrar mejores oportunidades laborales. País que a pesar de su histórica relación con el vecino del norte, puede llegar a recibirlos de formas muy extremas. En su paso por nuestra tierra, se exponen a una serie inimaginable de riesgos: además de ser constantemente discriminados, llegan a ser secuestrados, violados, asaltados y demás. Su paso por México, puede convertirse en un calvario.

Andrés, un migrante hondureño que ha aceptado compartir su testimonio, fue deportado en mayo de este año. Situación que lo obligó a dejar en Nueva York a su esposa y a sus tres hijos, pero que también lo motivó a buscar la forma de regresar, pues luego de unos meses emprendió nuevamente el viaje y el sueño americano:

«Inicié mi viaje en julio de este año con la búsqueda de venir y cruzar pa’l otro lado y la verdad no tenía recursos para pagar a alguien que me cruzara para el otro lado. Busqué muchos recursos que hay, me engancharon… me dijeron que podía cruzar cargando una mochila y todo pal otro lado. Entonces ahí me fui, vine e inicié mi viaje por Guatemala, por la técnica empecé todo mi recorrido…».

Emprendido el viaje, Andrés atravesó prácticamente todo el país sin percance alguno, pero al llegar al estado de Sonora comenzó el tormento, pues fue allí donde lo utilizaron como burrero, término dado a las personas que transportan por el desierto determinadas cantidades de droga, prometiéndole a cambio su paso a los Estados Unidos.

«Ahí encontramos quién nos diera dónde llegar y todo, y nos dijo el señor que nos iba a conseguir el trabajo para cruzar al otro lado, con una mochila, de burreros. Entonces, empezamos ahí y trabajamos, fuimos con el primer viaje y regresamos pa’atrás, nunca llegamos a nuestro destino… Nos llevaron a un lugar ahí que se llama ________, llegamos y entramos con la mochila y todo bien, yo iba pensando que ya esto iba a terminar para mí, que ya iba a llegar y reunirme con mi familia y todo [pero] cuando entregamos la mochila en el levantón y todo fue triste para nosotros saber que para nosotros no iba a haber levantón, que teníamos que regresar caminando. Entramos, venimos y salimos como todos unos talibanes o militares… y vinimos y ¡fun! pa´tras al tal Sonora y ahí nos tenían, nomás querían que trabajáramos para ellos y nos hacían hacer cosas que no queríamos”, cuenta.

Ahí duró alrededor de cuatro meses y no pudo salir hasta llegar a un trato con la persona encargada para hacer otros viajes. Se dio cuenta de que esto no resultaba: ni a él ni a los otros 300 centroamericanos en su misma situación les pagaban, no les daban bien de comer, las condiciones en las que se encontraban no eran para nada humanas y tampoco se les cumplía la promesa de cruzarlos para el otro lado. Cada viaje significaba arriesgar la vida y en palabras de Andrés, de esta manera “era imposible cumplir su sueño”.

«Esta entrevista la estoy dando nomás para aquellos que van con un sueño de que pueden cruzar con la mochila, esto no es cierto. A nosotros los centroamericanos nomás nos usan, nomás las personas que son de ahí (de Sonora) trabajan para ellos y a ellos sí les pagan; a nosotros no nos pagan, nomás nos están usando y usando. […] Esto es para que lo sepan muchas personas que piensan que esto es fácil y que van con un sueño de que van pensando que van cruzando con una mochila y no es cierto… Lo que les digo es que mejor busquen otra forma de entrar, que esto de la mochila no es nada de juego, eso si no aguantas con la mochila, te matan, si las tiras…».

No todos corren con la misma suerte que él, no todos pueden escapar. Por el contrario, cerca del 80% se queda atrapado, continuando aquellos recorridos que varían de punto a punto y llevando consigo mochilas de alrededor de 30 kilos, además de sus provisiones de agua y alimentos.

Por ahora, Andrés desea regresar a Honduras para volver a ver a su madre. Pero aunque ahora su mejor opción es descansar en su tierra, en determinado momento lo intentará de nuevo, pues comenta “el sueño americano aún no se le quita de la cabeza” y sus hijos, desde luego, son su motivo para volver.

Con información de Dalia Souza y Darwin Franco.