Ocotlán, Jalisco

Vivimos en un mundo en el requerimos cambiar de paradigma. En medio de grandes crisis, como la climática o la crisis de la desigualdad, es tiempo de pensar en cuidarnos, en protegernos entre todos. El pensador colombiano Bernardo Toro habla del paradigma del cuidado como una necesidad imperiosa luego de que nos hayamos acostumbrado al paradigma del éxito, del poder y la acumulación, que son responsables de muchos de los males que vivimos en la actualidad. Y la pandemia de Covid-19, que ya lleva casi dos años, refuerza la idea de que el cuidado es el gran tema que debemos repensar.

El paradigma del cuidado pone énfasis en las fórmulas ganar-ganar, en la que todos ganan y en la calidad de las transacciones que hacemos todos los días. Bernardo Toro pone como ejemplo que cuando va a un país diferente al suyo pregunta cuál es la ciudad más importante y la respuesta siempre apunta hacia aquella ciudad en la que se realizan las transacciones más importantes y de más calidad. Una ciudad es la suma de sus transacciones. Y en este caso pensamos en las transacciones cotidianas que tienen que ver con la convivencia, el consumo, la educación, la sobrevivencia, las emociones, la economía, la política, etc.

Si nos ubicamos en el contexto actual de la pandemia, con una explosión de contagios a nivel mundial que se deben fundamentalmente a la variante Ómicron, el paradigma del cuidado parece una obviedad en su planteamiento pero algo muy complicado en cuanto a su aplicación. La pandemia nos enseñó que el egoísmo y que cuidarse sólo a sí mismo sin cuidar a los demás no sirve de mucho. No es una cuestión individual ni que esté bajo el control de autómatas egoístas, se trata de pensar en que cada una de las acciones y transacciones que realizamos tiene un efecto que puede ser favorable o perjudicial para uno y para todos.

Cuidarse es cuidar a los otros. Usar cubrebocas, vacunarse, evitar aglomeraciones, mantener la ventilación en lugares de concurrencia, aislarse cuando hay síntomas… todo esto no es sólo una forma de cuidado de la salud de cada quien sino que es una forma de cuidar las transacciones de otros ámbitos, como la economía y la educación. Piensen en los comercios, en el turismo, en los restaurantes, en millones de negocios que generan empleos y que dependen de los consumidores. Piensen en cómo por la ignorancia, indiferencia, irresponsabilidad o negligencia de quienes deciden no cuidarse y no cuidar a los otros pueden no sólo verse afectados en el funcionamiento y sobrevivencia de los negocios, sino en la salud de los que trabajan y consumen ahí.

El cuidado es una cuestión colaborativa, recíproca, de conciencia, en el cual las personas, instituciones, empresas, gobiernos, etc. buscamos la manera de enfrentar una crisis global. Nuestra salud, nuestra economía y nuestras actividades dependen en gran medida de lo que cada uno pueda hacer por cuidarse y cuidarnos. En cada decisión, en cada transacción, hay un efecto. Y la economía se mueve al ritmo de esas decisiones, de esas transacciones. Podemos cuidarnos o padecer.

Por Héctor Farina

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