Generación sin casa | Parte I: Jóvenes prefieren quedarse en sus municipios: Guadalajara ya no compensa el costo de vivir

El 75% de jóvenes jaliscienses no puede pagar una hipoteca a 20 años, según expertos.



Guadalajara, Jalisco.

El sueño de la independencia juvenil se ha convertido en un espejismo para toda una generación en México.

Crecer con la premisa de que un título universitario garantiza una vivienda propia y estabilidad económica es una historia del siglo pasado. En Jalisco, los jóvenes profesionistas de 20 a 30 años se enfrentan a una barrera de concreto: la precariedad laboral crónica, sueldos estancados y una inflación inmobiliaria implacable.

¿Qué enfrentan los jóvenes jaliscienses en el campo laboral?

Andrés de la Peña, periodista de datos y activista por el derecho a la vivienda, aclara qué es lo que un joven recién egresado enfrenta en el campo laboral.

“Cada vez vemos más cuestiones de subempleos; es decir, personas que a pesar de su escolaridad trabajan en empleo que requieren menos de lo que pueden ofrecer

...Y vemos más precariedad laboral. Mucho más crecimiento del sector informal, más personas que que trabajan por contratos de un mes o de dos meses”.

“A ese 75% la población no le alcanza para pagar esa hipoteca a 20 años. Incluso dejando un enganche de 200 mil, 250 mil pesos, un banco no les va a aceptar su (crédito), les van a hacer un estudio económico y les van a decir: ‘Lo siento, pero no te alcanza para pagar una vivienda’”.

Ante esta barrera económica, las trayectorias de emancipación han cambiado drásticamente. Algunos asumen el enorme costo a base de sacrificios desde temprana edad.

Ese es el caso de Gabriel Mendoza Acebes, ingeniero industrial que, para continuar con sus estudios, tuvo que abandonar su casa paterna ubicada en Tototlán. Su proceso de independencia estuvo lleno de obstáculos financieros.

“Bueno, yo me salí desde la casa de mis papás desde una temprana edad porque yo me salí desde la universidad por el hecho de que mis padres no estaban aprobando mucho que yo estudiara. Ellos querían que siguiera trabajando en el negocio familiar”.

“Ya salían trabajos de atender tiendas, salían trabajos de cortar sacate, salía trabajo en restaurantillos y eso es lo que me mantuvo en pie la carrera, si no pues no hubiera estudiado”.

“Yo creo que yo en la semana ganaba 900 pesos entre los trabajos que hacía, y si me iba bien, y pues entre eso era lo que salía para comer y de rentas pues sí llegaba a pagar ya más de mil 600, y pues los 900 que ganaba la semana se tenían que ir desviando para la renta porque, si no, ya no la armaba después”.

Hoy, Gabriel ejerce en una empresa tequilera y ha encontrado un refugio vital en el municipio de Jesús María, Jalisco.

Y es que, a diferencia de generaciones pasadas que migraban masivamente a las capitales en busca del éxito, estadísticas de INEGI confirman que hoy las juventudes optan cada vez menos por salir de sus lugares de origen.

La migración antes de los 20 años de vida ha ido a la baja: pasó de un 21.3% en la generación nacida en los 60 y 70, a un 14.4% en la generación nacida entre 1998 y 2007. Es decir, que por cada 10 millones de jóvenes, solían migrar más de dos millones 100 mil, y actualmente solo un millón 400 mil lo hacen.

La metrópoli ya no resulta atractiva si el altísimo costo a pagar es sacrificar la estabilidad financiera.

Impacto de la migración y calidad de vida en jóvenes jaliscienses

“A mí para convencerme de que yo me vaya de esta comodidad, o sea, sí tendrían que duplicarme el sueldo para, en realidad yo decir: vale la pena irme”.

“En dado caso que no me llegaran a ofrecer eso, pues yo creo que no abandonaría la comodidad de este hogar, estos trabajos, estos estos entornos tan pacíficos porque pues aquí es muy rural y el ambiente rural te da cierta paz”.

La descentralización como estrategia de supervivencia es un patrón recurrente. Karol Paola Hernández es egresada de un centro regional de la UdeG y actualmente ejerce de manera freelance para una empresa local.

Ella reside con su madre en el municipio de Jamay. Para Karol, migrar a Guadalajara representaría una caída fulminante en su calidad de vida y un riesgo directo para su bienestar físico.

“En una ciudad sí se me hace que se colapsa mucho lo que tiene que ver con el transporte público, o sea, ir a una ciudad y tener que esperar dos horas para llegar a un lugar en la misma ciudad se me hace muy raro, se me hace muy pesado”.

“Entonces, empezar en una ciudad grande en la que te va a absorber el sueldo y además el tiempo en transporte público sí se me hace un poco pesado y pues muy fuerte”.

“Y menos rendimos en el trabajo y menos conseguimos lo que queremos y estamos más alejados de tener esa casa, ese departamento, ese dinero porque estamos acabados, estamos cansados”.

Además del severo desgaste físico que exigen las grandes urbes, la emancipación se ha transformado en un proyecto que difícilmente puede sostenerse de manera individual. El mercado inmobiliario impone sus reglas, obligando a buscar estrategias colectivas.

“Sí pienso independizarme, pero pienso independizarme dentro de más años y probablemente sea con otra persona. Sí veo que es más fácil…”

“Es parte de mis planes, no hacerlo sola, sino hacerlo como en pareja. Y también porque sé que es muy probable que sea más fácil con dos sueldos que con uno”.

El fin del bono demográfico es una realidad inminente. Los jóvenes jaliscienses de hoy enfrentan un dilema complejo: sacrificar su calidad de vida en las urbes colapsadas o refugiarse en sus municipios de origen, postergando planes de independencia por la falta de vivienda accesible.


Julio León