Ocotlán, Jalisco
En el contexto del aislamiento social debido a la pandemia de Covid-19, los números de la economía se mueven en forma acelerada hacia los pronósticos sobre el impacto que tiene y tendrá la paralización de numerosas actividades productivas. Estamos ante una emergencia sanitaria que nos exige compromiso, responsabilidad y paciencia. Pero la preocupación económica es muy alta, sobre todo en un país que tiene la mitad de la población en situación de pobreza y más de 30 millones de trabajadores en la informalidad que necesitan trabajar todos los días, a pesar de los pesares.
La información económica en los últimos días apunta a los pronósticos y a lo que se puede hacer para enfrentar la inevitable recesión. Mientras el Banco Mundial (BM) estima que la economía mexicana tendrá una caída aproximada de seis por ciento en 2020 -siendo uno de los países más golpeados de América Latina-, a nivel local hay una contradicción muy interesante en cuanto a los empleos.
Según una consulta a expertos realizada por el diario El Financiero, México perderá este año entre 1.1 y 2 millones de empleos formales debido a la pandemia de Covid-19. Curiosamente, hace apenas una semana el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, prometía que en 9 meses se generarían 2 millones de empleos. Es decir, del impacto estimado por los expertos a la recuperación pronosticada por el gobierno hay una diferencia abismal. Se trata nada menos de establecer si los dos millones de puestos de trabajo serán los que se perderán o los que se crearán al finalizar el año.
En medio de estas proyecciones en sentido contrario, el dato real es que sólo en tres semanas de contingencia se perdieron 346 mil empleos, es decir, más que todo lo generado en 2019. Y hay que recordar que la tendencia de la economía mexicana ya iba a la baja antes de la crisis por la pandemia: en 2019 se tuvo una contracción de 0.1 por ciento, se crearon 342 mil empleos, en tanto la inversión fue insuficiente y el dinamismo interno se fue frenando pese al incremento en los salarios mínimos. Todo esto augura que el impacto en la economía será fuerte y desigual: golpeará más a los pobres, a los que tienen empleos precarios, a los que ya soportan problemas de acceso a la educación, la salud y los ingresos económicos.
Hay dos momentos claros que debemos analizar: el impacto y la recuperación. Para el impacto, la cuestión es buscar proteger en la mayor medida posible la economía y, específicamente, los empleos. Y no se trata de relajar medidas sanitarias sino de buscar la manera de cuidar a la gente y tratar de que no haya despidos masivos, de apoyar a los que viven de su trabajo diario y de incentivar desde dentro. Y en este sentido, un dato que debemos revisar con detalle es la ausencia de incentivos fiscales: mientras la mayoría de los países están rebajando la carga fiscal -en forma transitoria- para aliviar el funcionamiento de las empresas, México no contempla dichas medidas. Habría que pensar en ellas, no tanto por las empresas sino por el empleo y, por ende, por los ingresos de la gente.
Estamos en plena contingencia y cuando salgamos nos encontraremos con un panorama duro que nos exigirá pensar en economías solidarias, en consumo local, en reiventar los empleos y en encontrar apoyos para emprender y favorecer la construcción de un escenario diferente. Todos esperamos el momento de la recuperación, de volver al trabajo, a la producción y las actividades cotidianas. Hay que cuidarnos ahora y prepararnos para una economía en recesión que tendremos que reconstruir.
Por Héctor Claudio Farina
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