Guadalajara, Jalisco.
El 30 de abril de 1924 fue la fecha en la que se oficializó celebrar a las niñas y niños de todo México.
El decreto se dio bajo el mandato del presidente Álvaro Obregón, y desde ese día se acostumbra a festejar a los pequeños en instituciones públicas, privadas o en el hogar.
En su día, las y los niños son festejados y reciben todo tipo de regalos por parte de sus seres queridos….
Lamentablemente, la situación que atraviesa Jalisco en materia de personas desaparecidas ha ocasionado que cientos de niños no disfruten ni sientan la necesidad de ser festejados.
Dentro de las más de 12 mil personas desaparecidas en el Estado se encuentran madres, padres o tutores que dejan a uno o varios menores sin ganas de pedir un balón, una muñeca o un juego de video.
La necesidad de tener de vuelta a sus seres queridos los ha hecho cambiar el partido de futbol o la comidita, y lo único que quieren es volver a abrazar a mamá o a papá.
El pasado mes de septiembre, la vida de Adriana, de 9 años, y su hermano Eder, de 11, cambió por completo cuando su padre fue privado de su libertad en un negocio por hombres armados.
A su corta edad, ellos sólo comprenden que papá no está y desconocen cuándo los “hombres malos” lo regresarán a casa.
Su semblante no es el que tienen todos los niños de su edad. El brillo de sus ojos se nota apagado y la sonrisa pícara cambió por una tímida mueca. Su madre, Tania Rodríguez, dice que ya no juegan, no pelean, las vagancias de niños de su edad cambiaron al pensamiento maduro de cómo se encuentra su papá: si ya comió, si no tiene frío y si tiene buena salud.
Para Tania, esos hombres no sólo se llevaron a su compañero. Con él arrancaron un pedazo de la vida de sus dos hijos, quienes ya no son los mismos desde ese día. Su alegría se encuentra pausada, pues guardan la esperanza de que papá regrese para jugar con ellos, abrazarlos y darles el beso de buenas noches cada que se iban a dormir.
“Toda su vida da un giro, no solo por la ausencia de su papá, todo lo que implica seguir buscando y seguir en la lucha, porque no nos vamos a cansar y no vamos a parar de buscarlo, solo queremos saber qué pasó, queremos la verdad”, declara.
Adriana y Eder cumplen años en diciembre. Para esa ocasión no hubo pastel, globos, regalos ni juegos. Se quedaron mirando la puerta de su hogar esperando que papá ingresara y les diera un abrazo.
Navidad y Año Nuevo no fueron diferentes, pues lamentablemente se quedaron esperando a que el Niño Dios les devolviera a su padre.
Tania Rodríguez pertenece al colectivo Luz de Esperanza. Ahí ha descubierto que, así como sus hijos, existen más de 100 pequeños que desgastan su infancia sumergidos en una búsqueda que pareciera no tener fin.
“Sí, la verdad que viene otra fecha importante, así como pasaron Navidad, sus cumpleaños y el cumpleaños de él, hoy vienen el Día del Niño y no sé, pero yo creo que a mis hijos les va a doler mucho porque él era una persona tan especial que ese día lo pasaba con ellos, siempre trataba de darles un regalo, una sorpresa… algo. Siempre había algo para darles y otra fecha importante y él no va a estar”.
Celebrar el próximo 30 de abril no está en su mente. Ellos observarán de lejos cómo otros niños disfrutan de su infancia y cercanía con sus seres queridos. Hoy, Adriana y Eder solo tienen presente el regreso de papá.
“Yo quisiera decirte que no es tan mala, pero creo que me quedaría chiquita con esas palabras, pues les cambió todo: no se quieren bañar, solo están dormidos, no comen, encerrados, no salen, no tengo ganas. Los primeros dos meses no fueron a la escuela porque él los llevaba a la escuela todas las mañanas”.
El mito de los monstruos bajo de la cama no preocupa a Eder y Adriana. La noche es un horario donde ambos estallan en llanto por la ausencia de su padre. Durante el día no comen, duermen largos periodos y en la escuela han bajado su rendimiento.
Hoy, Tania busca ayuda psicológica para tratar a sus pequeños, pues reconoce que ese no es el actuar de niños de su edad.
“¿Ahora para el Día del Niño que pediste? Una Barbie de las que metes al agua y cambian de color… y en Navidad pedí a mi papá”.
A Adriana le gusta ver videos en internet. Ahí desvía por unas horas la triste realidad que está viviendo. Unos minutos dura la ilusión, pues la foto de su padre ausente la regresa a su realidad. Aun así, no pierde la esperanza y desea que este 30 de abril su papi vuelva con una Barbie bajo el brazo.
A Eder le gusta el Futbol. Sueña con ser como Leo Messi y jugar en un gran estadio, y aunque en su mente figura el astro argentino, su mayor ídolo es su papá. Tampoco pierde la esperanza de su regreso y juntos ir a ver un partido del PSG.
Esta es otra realidad del 30 de abril en Jalisco:niños que cambiaron sus deseos fantasiosos por realidades inciertas, por pensamientos maduros y actividades dolorosas.
En esta vivienda de la Colonia Jalisco, en Tonalá, no habrá festejos, sonrisas ni regalos. Adriana y Eder piden todo el oro del mundo para cambiarlo por el regreso de su padre y volver a ser la familia feliz que fueron un día, y así, solo así, volverían a sonreír y pedir un regalo para el Día del Niño.
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