Energia renovable
Fotografía: AFP
Londres, Reino Unido.

El Reino Unido, campeón mundial de la energía eólica marina, ha hecho del sector uno de los pilares de su transición hacia la neutralidad de carbono y quiere cuadruplicar su capacidad de generación de este tipo de electricidad para 2030.

Gracias a sus territorios azotados por el viento en el mar del Norte “es más fácil captar la energía eólica marina en el Reino Unido que en cualquier otro lugar de Europa”, dice James Brabben de la consultora energética Cornwall Insight.

La generación de energía en alta mar también se ve favorecida por un “marco político favorable, que goza de un amplio consenso entre el público en general y entre los políticos”, dice este especialista a la AFP.

El gobierno de Boris Johnson, que desde las elecciones legislativas anticipadas de diciembre tiene una aplastante mayoría en el Parlamento, se fijó durante la campaña el objetivo de producir 40 gigavatios (GW) de energía eólica marina para 2030, frente a los casi 10 actuales.

En combinación con la energía eólica terrestre, la solar, la hidráulica y la biomasa, el Reino Unido, que quiere alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, ya produce casi el 40% de su electricidad a partir de fuentes renovables, según datos trimestrales publicados la semana pasada.

– Grandes proyectos –

El objetivo del Reino Unido es desarrollar grandes proyectos, una de las principales ventajas de la energía eólica marina, ya que “permite construir parques mucho más grandes que en tierra”, explica Brabben.

Las 38 instalaciones operativas listadas a finales de 2018 por el Crown Estate, el organismo responsable de administrar los activos de la corona británica, que posee la mayor parte del lecho marino del país, incluyen alrededor de 2.000 turbinas, y se planean casi 1.000 más.

Los dos principales campos actuales son Walney Extension, en el norte de Gales, y London Array, en la desembocadura del Támesis, corredores de viento que concentran la mayor parte de los parques eólicos marinos británicos.

Entre los proyectos en construcción, Hornsea y Dogger Bank, ambos situados frente a la costa de Yorkshire, compiten por el título de “parque eólico marino más grande del mundo”.

Johnson también mencionó en su programa los parques eólicos flotantes, una tecnología de vanguardia aún en fase de desarrollo, para acceder a zonas marítimas más profundas, pero sobre todo más ventosas.

– Energía más limpia –

Las turbinas eólicas marinas son a veces rechazadas por los residentes locales que las acusan de desfigurar la costa cuando se instalan cerca de la orilla.

El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha demandado al gobierno escocés para impedir la instalación de un parque eólico al norte de Aberdeen, en el noreste del país, por temor a que dañe la vista desde un campo de golf de su propiedad.

Las asociaciones ecologistas, sobre todo en Alemania, también advirtieron el año pasado sobre las frecuentes colisiones de aves en las palas y el ruido de las turbinas, considerado infernal para ciertos mamíferos, como las marsopas.

El sector también intenta tener en cuenta el “coste global” para el planeta: el fabricante danés Vestas estima que se necesitan entre 5 y 12 meses de uso para compensar el coste energético de la producción de turbinas cada vez más grandes –sus palas pueden tener más de 50 metros de longitud–, la diferencia depende del modelo y de las condiciones de viento.

Sin embargo, la energía eólica marina está emergiendo como una de las alternativas más prometedoras a los hidrocarburos y en 2019 tuvo un año de récord mundial.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) subrayó en octubre su “potencial casi ilimitado”, estimando que podría convertirse en “la principal fuente de electricidad en Europa” con la caída de los costes de producción y los avances tecnológicos que ya están multiplicando por diez la potencia de estos aparatos.