Fotografía: EFE/José Méndez.
Ciudad de México, México.

En el interior de la Central de Abasto de la Ciudad de México, el mercado más grande de América Latina, una innovadora planta transforma aceite comestible usado en biodiésel para el transporte público de la capital y evita así que este producto continúe contaminando las aguas.

Pocos metros después de la entrada de la Central, un camino conduce a una pequeña nave que alberga esta innovadora planta “100 % mexicana”, que recibe a quien la visite con varias torres de garrafones y botellas que contienen aceite alimentario usado en su interior.

Uno está quemado, otro usado de varias veces, y alguno simplemente pasó la fecha recomendada para el consumo. En la planta, explica la ingeniera ambiental Rubí Guzmán, supervisora de operación, una parte del aceite usado llega a partir de donaciones, pero la mayor parte la compran.

Una vez en la nave, el líquido dorado se almacena en unos bidones -cuya capacidad máxima es de aproximadamente 25 mil litros- para de ahí pasar a través de varios filtros y así retirar los residuos que pueda traer por haber sido utilizado en hogares, puestos ambulantes, restaurantes o grandes empresas.

A continuación, ya limpio, se introduce al reactor y se mezcla con un catalizador que se produce en la misma planta, del que resultan dos productos: glicerina que luego puede usarse, por ejemplo, en la industria cosmética, y el bioaditivo.

Este bioaditivo sirve para combinarse con diésel de origen fósil hasta en un 20%, reduciendo así costos para quien llene su depósito pero también contribuyendo a una economía circular.

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