Ocotlán, Jalisco

La conclusión del mes de enero este no año no significó el fin de la cuesta. Al contrario, los datos de la salud y de la economía nos ubican en un punto hundido desde el que nos toca remontar una prolongada y compleja cuesta. El punto del que partimos lo dio el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) al cuantificar en 8.5 por ciento la contracción de la economía mexicana en 2020. También se perdieron más de 670 mil empleos formales -aunque se estima que la cifra llega a 2.9 millones de puestos si contamos los informales y los inactivos- y se causó un daño importante a los ingresos, con lo cual no sólo aumentó la pobreza sino la precariedad, la misma que hace vulnerable a la población ante la más mínima contingencia.

La contracción de la economía mexicana es una de las seis más importantes en América Latina en el contexto de una caída generalizada que golpeó a todas las naciones. Pero hay dos datos que son muy importantes en el vecino del norte: Estados Unidos tuvo una caída de 3.5 por ciento en 2020 pero se espera una recuperación de 5.1 por ciento en 2021. Por un lado, la recuperación proyectada en el mercado estadunidense se ve más sólida que los rebotes en la mayoría de las economías latinoamericanas: sus expectativas en 2021 de 5 por ciento están por encima de los datos de su caída. Y por el otro lado, la inercia de la recuperación estadunidense es beneficiosa para México porque incentivará el repunte, sobre todo en cuanto a exportaciones.

Pero dentro de esa inercia de recuperaciones de grandes números se encuentran los grandes problemas de la pequeña economía: los que perdieron sus empleos, los que requieren ingresos para sobrevivir y hacerle frente a la pandemia, las microempresas, la demanda interna y el poder de consumo. Un dato revelador es que el gasto de los mexicanos con tarjeta de débito en las farmacias se incrementó 33 por ciento en 2020, mientras que con tarjeta de crédito el incremento fue del 15 por ciento. El gasto en los hospitales creció 20 por ciento en 2020.

Todo esto da cuenta del encarecimiento en el costo de vida debido a la pandemia: los gastos en hospitales, en medicamentos, en gel antibacterial, cubrebocas y productos de limpieza se han incorporado con fuerza al presupuesto de las personas, justo en tiempos de pandemia, de contagios y de crisis de la economía. Y en una situación en la cual el 60 por ciento de los empleos son informales y la pobreza alcanza a cerca de la mitad de la población, las condiciones de precariedad hacen que sea difícil cubrir los costos de una enfermedad, de medicamentos o incluso de insumos básicos para la prevención.

Este año será ciertamente de recuperación de la economía pero el foco debe seguir estando en la salud, en primer lugar, y en la pequeña economía y en los sectores más necesitados. La pandemia nos puso en una situación extraordinaria que requiere soluciones extraordinarias: que la vacuna llegue a todos, que la salud pública se vuelva accesible para todos y que la economía comience a mejorar desde abajo para revertir la desigualdad y la precariedad.

Por Héctor Farina Ojeda