Guadalajara, Jalisco.
Además de la diabetes, hipertensión, cáncer, entre otras enfermedades, el contacto prolongado a la contaminación del aire también aumenta la gravedad del COVID-19.
Así concluyó un estudio de la Universidad de Harvard divulgado por el New York Times, el cual analizó 3 mil 80 condados en diferentes ciudades de Estados Unidos y encontró que aquellos con más altos niveles de partículas suspendidas en el aire son los que tienen mayores tasas de mortalidad entre pacientes de COVID-19.
Los autores del estudio afirman que si una persona se expone a altas concentraciones de
material particulado fino por un largo periodo, y se infecta del nuevo coronavirus, es 15 por
ciento más susceptible de fallecer respecto a un paciente que se desarrolla en un ambiente
menos contaminado.
Este hallazgo aporta un elemento nuevo sobre las vulnerabilidades de la población frente al COVID-19, y que poco se ha mencionado en esta coyuntura por parte de las autoridades.
En el caso de Guadalajara, solo uno de cada tres días la calidad del aire se apega a lo que
establece la legislación mexicana, el resto lo supera por contaminantes como el material particulado y el ozono.
Sin embargo, al someter los indicadores tapatíos a los estándares de la Agenda de Protección al Ambiente de Estados Unidos (EPA), la proporción se invierte, pues dos terceras parte de los días del año rebasan lo que se considera aire apto para la salud, de manera que las personas que viven en ciudades con problemas de contaminación deben reforzar sus medidas de prevención contra el COVID-19.
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