Fotografía: EFE/Francisco Guasco.
Guadalajara, Jalisco.

Degustar la bebida tequila es una experiencia sensorial que invita no solo a probar este destilado de la planta del agave originaria de Jalisco, sino a dejarse seducir por las historias y el conocimiento de los expertos catadores.

Agave cocido, vainilla, canela, cítricos, frutos rojos, madera. La explosión de olores y sabores que puede contener una copa de tequila es tan vasta como el paisaje de esta especie que dan vida a la bebida por excelencia en la región.

Probar esta bebida nunca será igual, aunque lo haga la misma persona. Cada botella de tequila tiene detrás sabores y olores distintos de acuerdo a la manera en cómo haya sido cultivado y procesado el agave.

Además, el estado de ánimo de cada persona influye en la manera en que percibe, explicó la experta catadora Grisel Vargas.

“Cada marca tiene sus características como visuales, olfativas y de sabor, y cada uno de nosotros tiene distintas habilidades y distintas memorias, no es lo mismo si yo he vivido solo en México a si he vivido en siete lugares distintos, porque los olores que llegan son diferentes, vas teniendo esa memoria y la vas reflejando en lo que vas tomando”, explicó.

Vargas es experta catadora, es decir, que no solo se dedica a ser sumiller o catadora de esta bebida, sino que también conoce a la perfección los procesos, la legislación y los entresijos de esta industria a la que llegó hace 14 años.

Lejos de lo que se pudiera pensar, la vida de una catadora no transcurre solo tomando tequila sino también recorriendo los campos de agave, estudiando la legislación o conociendo las nuevas propuestas de marcas.

Su conocimiento y su capacidad olfativa hace que las catas de tequila sean no solo una experiencia enfocada en el gusto sino también en incentivar la curiosidad por saber más de esta bebida espirituosa que le ha dado fama a México.

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