
ASUNTOS SOCIALES
El acceso a internet y las herramientas tecnológicas han transformado la vida cotidiana de millones de personas. Sin embargo, su impacto resulta especialmente significativo para quienes viven con algún tipo de discapacidad, ya que no solo facilitan la comunicación, sino que amplían el acceso a la educación, el empleo y a la participación social, reduciendo barreras que el entorno físico no logra eliminar.
- Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la población mundial supera actualmente los 8.000 millones de personas, de las cuales más de 1.300 millones —cerca del 16 %— viven con una discapacidad significativa. De ese total, el 80 % reside en países en desarrollo.
“Este número va en aumento debido, en parte, al envejecimiento de la población y al incremento de la prevalencia de enfermedades no transmisibles”, señala la ONU.
El organismo advierte además que las personas con discapacidad suelen enfrentar menos oportunidades económicas, peor acceso a la educación y mayores tasas de pobreza.
Esta situación se debe principalmente a la falta de servicios que faciliten su vida cotidiana como el acceso a la información o al transporte y a la escasez de recursos para defender sus derechos.
A estas barreras estructurales se suman la discriminación social y la insuficiencia de marcos legales adecuados, factores que continúan limitando la inclusión plena de las personas con discapacidad en numerosos países.
Juan Pablo Domínguez es un joven que vive en Cuba y tiene una discapacidad derivada de una enfermedad congénita que heredó de su madre al nacer. “Se llama Displasia Epifisaria Múltiple (DEM), considerada una enfermedad rara que afecta las epífisis de los huesos, que provoca deformidad en los mismos y muchísimo dolor”. Asegura que en ese país las barreras estructurales para las personas con discapacidad son enormes.
Dominguez comparte con EFE, que el transporte público en su país es prácticamente inexistente para alguien con movilidad reducida: no hay condiciones mínimas de accesibilidad.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la población mundial supera actualmente los 8.000 millones de personas, de las cuales más de 1.300 millones —cerca del 16 %— viven con una discapacidad significativa. EFE/ Isaac Fontana
Si para una persona sin discapacidad ya es extremadamente difícil “por no decir imposible" acceder a un empleo digno y bien remunerado, para una persona con discapacidad esas oportunidades son prácticamente nulas cuando se depende del entorno físico.
Ahí es donde la tecnología tiene un impacto importante. “En mi caso, el internet, las herramientas digitales y el teletrabajo no son una alternativa más: son la única vía de acceso a una vida lo más cercana a digna. Trabajar de forma remota para clientes fuera del país me permite superar las barreras físicas y asegurar un ingreso económico”, confiesa a EFE.
Esto tiene un valor añadido en su situación personal pues no solo tiene que enfrentar su discapacidad, sino que además es el cuidador principal de su madre, que también vive con la misma discapacidad.
“La tecnología me permite ser el sostén económico con el cuidado familiar sin salir de casa, algo que sería inviable en un trabajo presencial en Cuba", comparte.
Para Juan Pablo, otro aspecto clave es la formación y la movilidad internacional. Gracias al acceso a internet y a las redes sociales pudo informarse y postular a una beca en España, que finalmente obtuvo y que también le permitió ampliar sus redes de contacto y su formación profesional.
“En un contexto de crisis migratoria tan fuerte como la de Cuba, donde viajar es complejo y limitado, esta experiencia fue fundamental. No solo por la formación académica, sino por el impacto vivencial: poder conocer de primera mano sociedades con infraestructuras accesibles —autobuses adaptados, rampas, una cultura de inclusión— me permitió comprender con mayor claridad las carencias de mi propio entorno. Esa experiencia no habría sido posible sin el acceso a la información digital que me permitió postularme”, comparte.
"Creo que, al unir estos elementos, las barreras del empleo local, la labor de cuidado y la oportunidad de formación internacional, se explica con claridad cómo la tecnología se convierte en un puente real hacia la inclusión", apunta.
Enfatiza que más que una herramienta concreta, la conectividad en sí misma ha sido el factor decisivo para mi superación profesional, económica y personal.
Desafiando la discapacidad visual.
La experiencia de Juan Pablo no es un caso aislado. Otras personas con discapacidad encuentran en herramientas como los lectores de pantalla y los sistemas de dictado por voz, la forma de estudiar y producir contenido escrito con poca dependencia externa.
Este es el caso de L. M., una filóloga que, pese a vivir con discapacidad visual, logró culminar su licenciatura y actualmente realiza trabajos de redacción que le permiten generar ingresos.
“No trabajo de manera constante porque no existen muchas alternativas laborales que sean viables para mí, pero algunas personas que conocen mi trabajo me apoyan. Por razones personales en este momento estoy en pausa, pero encontraré la forma de continuar”, cuenta a EFE.
L. M. mantiene la esperanza de que en un futuro cercano existan más oportunidades laborales, mayor desarrollo tecnológico y un compromiso real por parte de las empresas para incluir a personas con discapacidad.
“Hay personas con educación, herramientas y deseos de aportar; solo falta que se abran más puertas”, afirma.
Amigos de ella coinciden en que, sin acceso a dispositivos tecnológicos y herramientas digitales, no habría podido completar sus estudios ni insertarse, aunque sea de forma parcial, en el ámbito laboral.

El acceso a herramientas digitales permite a personas con discapacidad visual formarse y desarrollar actividades laborales.EFE/ANINDITO MUKHERJEE
Las experiencias anteriores no son casos aislados. Coinciden con lo señalado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el papel de la tecnología en la inclusión de las personas con discapacidad.
En su Informe 2025, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos subraya que las tecnologías digitales y los dispositivos de apoyo “desempeñan un papel fundamental en la promoción y protección de los derechos humanos de las personas con discapacidad”.
El organismo advierte que, cuando estas herramientas no son accesibles, asequibles o inclusivas, “pueden reforzar la exclusión, la discriminación y las desigualdades existentes, en lugar de reducirlas”.
Además, insta a los Estados a ofrecer un entorno de financiación y acceso a la tecnología digital a través de plataformas públicas, incluidos los programas sanitarios y sociales, y reconoce al mismo tiempo el papel del sector privado en la innovación, el desarrollo y la distribución de productos.
Según la ONU, la colaboración entre ambos sectores es clave para que soluciones tecnológicas de calidad y a precios asequibles lleguen a las personas que viven en zonas subatendidas o remotas.
Así mismo, destaca que las personas con discapacidad deben tener un acceso equitativo a las tecnologías de apoyo, reconociendo también sus limitaciones.
Advierte que "si bien la tecnología fomenta la independencia, el apoyo humano sigue siendo crucial para una asistencia personalizada, la comunicación en situaciones de emergencia y los desplazamientos en entornos complejos".
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