Paliativos: Ciencia para el buen vivir Parte III: Una pandilla de amor… en cuatro patas




Guadalajara, Jalisco. 

La carita de dolor y miedo en los niños que entran por primera vez a la Unidad de Cuidados Paliativos y Tratamiento del Dolor parte el corazón. Pero gracias a las instalaciones, que están más cerca de parecer una sala de juegos que un hospital, los pequeños muestran una sonrisa y brillo en sus ojos.

Sí: sin importar que haya médicos que se vean obligados a inyectarlos, ponerles suero, o bien, que deban estar en una camilla.

El personal del nuevo Hospital Civil sabe cómo trabajar. Tanto así, que entre sus filas de especialistas hay seres peludos, repletos de amor y bondad. Estos tienen cuatro patas y son una de las terapias más exitosas para que los pacientes olviden por un rato el dolor que atraviesan.

  • La nutrióloga Gaby Chávez fue quien propuso la visita de perritos de terapia de manera regular.

“En su momento, yo fui voluntaria junto con la asociación ‘Patitas de Ayuda’ y me tocó estar a cargo de la asociación, y un día dije: ‘Vamos entrando a los hospitales, por qué no’. Y me puse a mandar correos, y dije: ‘Alguno me dirá que sí’. Me respondió el Hospital (Civil) de Guadalajara.

Venimos a una entrevista para presentar el programa. ‘¿Cómo que perros en el hospital?’ Fue un poco complejo: ‘No, los perros no pueden pasar’. Tenían que salir por nosotros; teníamos un oficio especial porque todo se hizo de manera formal”.

Pero este escuadrón de lomitos no acude a diario. Los martes van dos o tres, y los viernes uno. Y el impacto ha sido tal que… bueno, dejemos que la especialista nos lo cuente.

“Influye mucho en la relajación, los perros tienen ese temperamento, yo vengo con el estrés, cualquiera que sea la causa. Entonces, el perro está tranquilo y él me contagia, porque yo lo estoy acariciando, disminuye niveles de cortisol, que es la hormona que se eleva cuando estamos estresados.

Es normal, es adecuado tener esos niveles altos cuando tenemos ese instinto de supervivencia, pero lo malo es que los mantenemos altos por el ritmo de vida y ya no los logramos bajar”.

La Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Civil Juan I. Menchaca atiende alrededor de 11 mil niños al año. Sí: son muchísimos, y sólo en este lugar. Pero en realidad son más. ¿Te acuerdas de Rubén? A él lo derivaron porque en el IMSS no sabían qué hacer con él.

  • El objetivo de esta clínica es mejorar la calidad de vida para que tanto los pacientes como sus familiares encuentren un poco de paz.

Además, se trata de una atención multidisciplinaria en donde reciben apoyo del médico especialista del dolor, del psicólogo, del nutriólogo, de un fisioterapeuta y, por supuesto, de los lomitos de los que te hablo. 

La función de este escuadrón de cuatro patas es que el dolor se les olvide a los niños que acuden al hospital. 

“Principalmente esa es su función: romper el hielo de un ambiente hospitalario, sobre todo en pediatría, que es el área donde hemos tenido más experiencia desde que llegan los niños. Te ven la bata blanca y ese estrés de: ‘Me van a picar’, ‘ya se a lo que vengo’.

Hay niños que ni siquiera se dejan revisar, pero tú empiezas a transpolar las actividades al perrito. ‘Bueno: vamos a revisarle el oído’ o el niño se lo revisa (al perrito). ‘Vamos a revisarle el corazón’. Ok, ahora esa imitación la pasamos hacia el niño y funciona bastante bien: esas son las funciones de los perritos de terapia”.

En esta unidad se atienden niños con enfermedades como cáncer, quemaduras, insuficiencia renal, cardiopatías, trastornos neurológicos, así como bebés prematuros y con malformaciones congénitas graves, entre otras enfermedades crónicas que producen dolor y discapacidad y, con el tiempo, la muerte.

Pero del tamaño de la enfermedad es el tamaño de la terapia. ¿A poco te imaginabas ver perritos en un hospital? ¿Qué loco, no?

Mañana te presento a una de estas peludas voluntarias que, con paciencia, relaja a los niños para hacer su terapia, para que les tomen muestras, o bien, para que les apliquen un medicamento. 


Rocío López Fonseca