Merkel y Sánchez
Fotografía: EFE

El Parque Nacional de Doñana, un enclave natural situado en el sur de España, acogerá este fin de semana un nuevo encuentro entre la canciller alemana, Angela Merkel, y su homólogo español, Pedro Sánchez, en el que volverán a intentar mostrar sintonía en temas como el gran desafío migratorio.

Nada mejor para hablar de cómo gestionar la gran afluencia de inmigrantes a las costas europeas, de cuestiones bilaterales o del futuro de la Unión Europea (UE) y del euro, que hacerlo paseando por los alrededores del Palacio de las Marismillas, un lugar privilegiado erigido en medio de más de 10.000 hectáreas de naturaleza, en el extremo sur del Parque Nacional de Doñana.

Para llegar hasta la residencia remodelada en los 90 para acoger las vacaciones de los mandatarios españoles, Merkel deberá subirse en una barcaza para cruzar el río Guadalquivir. Una imagen no exenta de simbolismo si se tiene en cuenta que el centro de la reunión será la gestión de los miles de refugiados que cruzan el Mediterráneo en barca huyendo de sus países.

El encuentro tiene lugar tras una invitación personal de Sánchez a la mandataria alemana para que lo visitara durante sus vacaciones, a imagen y semejanza de otros encuentros que han tenido lugar en ese palacio en el pasado como los de Felipe González -presidente del Gobierno de España entre 1982 y 1996- con el canciller alemán Helmut Kohl entre 1982 y 1998.

“Los dos mandatarios hablarán sobre temas bilaterales, de política europea e internacional, explicó el Gobierno alemán esta semana al informar del encuentro el 11 y 12 de agosto, en el que se espera que encuentren caminos comunes.

El tema de los refugiados acaparó los primeros encuentros del socialista Sánchez con la líder conservadora y volverá a hacerlo de nuevo ahora después de que el mandatario español se haya alzado como el salvador de Merkel gracias al reciente acuerdo bilateral cerrado entre los dos países para que Alemania pueda devolver a los inmigrantes registrados previamente en España. La devolución se hará en un plazo de 48 horas desde su retención en la frontera germano-austriaca.

El pacto, que entra en vigor este sábado, el mismo día que Merkel visita a Sánchez, es el primero de este tipo de Alemania y se engloba dentro del plan migratorio alcanzado en el seno del Gobierno germano para expulsar a los peticionarios de asilo desde la frontera germana en el caso de que sean detectados por el banco de datos de huellas dactilares Eurodac como ciudadanos ya registrados previamente en otros países.

Junto con el acuerdo con España, el Ministerio de Interior alemán negocia también actualmente pactos similares con Grecia e Italia. Estas medidas forman parte del pacto que negociaron los socios del Gobierno alemán -conservadores y socialdemócratas- tras una larga disputa sobre la política de asilo de Alemania que amenazó la estabilidad del Ejecutivo liderado por Merkel.

El tema de los refugiados es un asunto candente en Alemania, un país que desde 2015 ha registrado la llegada de casi 1,5 millones de solicitantes de asilo, y se ha convertido en el principal punto de fricción dentro de la alianza conservadora de Merkel.

La migración también está en el foco del debate en España, que en los últimos meses registró un repunte en la llegada de pateras (embarcaciones precarias) a sus costas desde África. El país superó a Italia como primer destino de migrantes y, según cifras oficiales, más de 22.000 personas fueron rescatadas del mar desde enero.

El Gobierno de Sánchez pidió ayuda a la UE, a la que reclama también una estrategia común para abordar el problema.

Los primeros días del mandatario español en La Moncloa, adonde llegó a principios de junio, estuvieron marcados por la acogida del barco de rescate “Aquarius” con más de 600 migrantes a bordo, que se convirtió en un hito tras el rechazo de Malta e Italia a darle un puerto seguro para desembarcar.

El buque de la ONG SOS Mediterranée fue recibido el 17 de junio en Valencia con un gran despliegue y el Gobierno concedió un permiso de residencia de 45 días a los recién llegados por “razones humanitarias”. Sin embargo, el Ejecutivo tuvo que rectificar poco después y esas medidas excepcionales dejaron de aplicarse con la llegada a España de otros barcos de rescate similiares al “Aquarius”.

“La luna de miel con las ONG con la que Sánchez comenzó su mandato parece haber llegado a su fin. Y el realismo empieza a imponerse, como no podía ser de otro modo”, expresó hoy en su editorial el diario “El Mundo”.

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