Berlín, Alemania.

El Gobierno de la canciller Angela Merkel criticó duramente, de nuevo,  las manifestaciones de grupos extremistas de derecha en Chemnitz, en el este de Alemania, generadas tras la muerte de un ciudadano alemán acuchillado supuestamente por un iraquí y un sirio.

“Lo que se ha visto de nuevo allí el pasado fin de semana, junto con la justificada preocupación y consternación, es que estas marchas de extremistas de derecha violentos y neonazis nada tienen que ver con el dolor por una persona o con la preocupación por una ciudad o por una comunidad”, declaró hoy el portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, en la tradicional rueda de portavoces del Ejecutivo.

Esto no ha enviado un mensaje de pésame, sino “un mensaje de odio” a los extranjeros, a los políticos, a la Policía y a la prensa libre, indicó, al mismo tiempo que agradeció a la Policía por sus “incansables esfuerzos” y a la gente que salió a la calle a mostrar su oposición a las manifestaciones de la ultraderecha.

Por su parte, la líder del Partido Socialdemócrata (SPD), Andrea Nahles, condenó también enérgicamente los recientes disturbios en Chemnitz. El asesinato de un joven no justifica los disturbios posteriores, declaró la socia de Merkel en el Gobierno de coalición. Los ultraderechistas se valieron de este crimen como excusa para extender el odio por las calles, criticó.

“No dejemos nuestras calles a la multitud nazi. Y sobre todo, no les dejemos nuestra democracia a ellos”, afirmó, y agregó que el partido de tintes xenófobos Alternativa para Alemania (AfD) finalmente se ha quitado su máscara.

“Debemos levantarnos y nos levantaremos. No permitiremos que una turba derechista tome el poder en Alemania”, declaró por su parte la principal candidata del SPD en las regionales de Baviera, Natascha Kohnen.

El 26 de agosto, un joven de 35 años nacido en Chemnitz de padre cubano fue asesinado a primera hora de la madrugada. Otros dos alemanes resultaron gravemente heridos en el ataque con cuchillos.

La detención de los dos sospechosos desencadenó toda una serie de manifestaciones convocadas por la ultraderecha en Chemnitz desde hace más de una semana. La última, el pasado sábado, cuando unas 8.000 personas participaron en la llamada “marcha del silencio” convocada por el partido de tinte xenófobo AfD y por el movimiento islamófobo Pegida.